Los dedos largos de Tatiana se deslizaron por la espalda de Fabián, dejando a su paso una sensación como si cada centímetro de piel ardiera al contacto.
Fabián, sin embargo, no veía a Tatiana; en su mente, todo era un eco de Joana. Se dejó llevar, entregándose por completo al juego de Tatiana, sin oponer resistencia.
Se encontraban sentados uno frente al otro. Fabián echó la cabeza hacia atrás, y sus labios rozaron el cuello blanco de Tatiana, descendiendo poco a poco, como si el tiempo mismo se hubiese detenido…
Afuera, alguien que recién había estacionado su carro notó el vaivén inconfundible del vehículo. Sonrió con picardía, comprendiendo de inmediato lo que ocurría dentro.
—Estos jóvenes de ahora, sí que no pierden ni un segundo —murmuró, negando con la cabeza.
...
Desde que Fabián le propuso verse a Joana, Arturo no encontraba paz. La inseguridad le carcomía el ánimo.
En la empresa, Ezequiel llegó a la oficina llevando un contrato. Caminó hasta quedar justo frente a Arturo, pero este ni siquiera se inmutó, perdido en sus pensamientos.
Viendo el panorama, Ezequiel respiró hondo y se atrevió a acercarse por detrás.
Solo entonces descubrió que Arturo estaba leyendo su “Guía de ciento mil palabras para reconquistar a tu ex”.
No pudo evitar soltar un —Tssss— de asombro, sobresaltando a Arturo, quien por fin salió de su trance.
Arturo le lanzó una mirada dura.
—A ver, ¿te falta trabajo o solo vienes aquí a buscar emoción, eh?
Ezequiel, nervioso, apartó la mirada curiosa y se acercó al escritorio, agitando las manos.
—Nada de eso, jefe, vine a traerle el contrato, nada más.
—Déjalo ahí —ordenó Arturo, fulminándolo con la mirada—. Y si sigues de chismoso, te mando directo a la mina en África. Aprovecha para expandir el negocio, ¿va?
—No, jefe, ya entendí.
Sin protestar, Ezequiel dejó el contrato y salió casi corriendo.
[¡Maldito capitalismo! ¡Siempre nos tienen de peones a su antojo!]
[Con lo mucho que le gusta la señorita Joana, y ahora que ya están divorciados, ¿por qué no se lanza de una vez?]
[Después va a andar lamentándose, como siempre.]
[Mi guía para reconquistar a tu ex me costó una noche entera de desvelo. Si con esto el jefe no logra que se le haga con la señorita, entonces de plano sí está perdido.]
[Si hasta un tipo sin chispa podría conquistar a cualquiera con estos consejos, ¿cómo va a ser que el jefe siga igual de terco?]
Al quedarse solo, Arturo volvió la vista a la pantalla de la computadora.
Repasó, palabra por palabra, la guía con toda la concentración posible.
“No seas demasiado controlador.

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