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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 735

—¿No viste la competencia más reciente?

Héctor sintió el cuerpo helarse de golpe y tragó saliva con fuerza.

—¿Entonces lo de la ronda pasada también fue idea tuya?

—Por supuesto —Catalina apretó la mano hasta dejar marcas en la palma—. Yo no dejo escapar ninguna oportunidad. Ahora ya estamos en la semifinal, ¿cómo iba a quedarme de brazos cruzados viendo cómo ella sigue pavoneándose?

—Hermana, pero si haces esto, ¿no tienes miedo de que Arturo se entere?

—¿Y eso qué? —Catalina le soltó en tono tajante—. Soy su mamá, aunque lo descubra, ¿qué va a hacerme? Héctor, soy tu hermana, dime de una vez, ¿me vas a ayudar o no?

Héctor dudó, el sudor frío recorriéndole la espalda. Al final, no tuvo de otra.

—...Está bien. ¿Qué necesitas que haga?

—Es sencillo. Ahorita te mando mi plan, solo encárgate de conseguir a la gente indicada para que sigan mis instrucciones.

En cuanto Catalina escuchó la respuesta de Héctor, su voz se llenó de alegría, dejando atrás la actitud cortante de antes.

Cuando colgó, Héctor revisó los mensajes que Catalina le había mandado. Después de pensarlo, decidió seguirle el juego. Así, envió a alguien para que se metiera de incógnito en la fábrica donde Joana tenía sus colaboraciones.

...

En la casa de la familia Rivas, Lisandro y Dafne estaban sentados frente al televisor, viendo la repetición del Festival Nacional.

—¡Qué mala onda! ¡Ojalá supiera quién fue el que le jugó sucio a mamá! —aventó Dafne, con el puño en alto, indignada por todo lo que le había pasado a Joana.

—No te preocupes. Mamá es la mejor —suspiró Lisandro, lleno de orgullo—. Menos mal que mamá guardó las pruebas antes, si no, ya la hubieran hecho quedar mal esos que están detrás de todo.

—Hermano, de verdad que mamá es admirable —replicó Dafne, pegada a la pantalla con los ojos llenos de brillo—. Yo ni le entiendo bien, pero los diseños de mamá se ven padrísimos.

—Yo también creo que mamá es increíble. Si esos bocetos se volvieran ropa, seguro que serían preciosos —dijo Lisandro, con una sonrisa que le iluminaba toda la cara.

—Señorita Tatiana, ¿a qué viene ahora a nuestro cuarto?

—¿Señorita Tatiana? —Tatiana avanzó con paso lento, la voz burlona—. ¿Y eso? ¿Ahora sí me hablas de usted? Hace un rato bien que andabas diciendo que yo era la mala, ¿no?

Antes de que terminara de hablar, Tatiana se lanzó sobre Dafne y la tomó del cuello.

Dafne abrió los ojos desmesurados, el pánico asomándose en su cara. Empezó a golpear el brazo de Tatiana, pero apenas podía respirar.

Lisandro, al borde del llanto, gritó:

—¡Señorita Tatiana, suelte a mi hermana! ¡Fue mi culpa, no debí decir eso de usted, la culpa es toda mía!

—Si te equivocaste, tienes que aceptar el castigo —Tatiana se rio con desprecio—. Eres el consentido de la familia Rivas, así que esta mocosa va a pagar por tus errores.

—Perdón, señorita Tatiana, ya no lo haré nunca más —Lisandro suplicó una y otra vez, haciendo todo lo posible por salvar a su hermana.

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