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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 755

—¿De verdad piensas que soy tu chofer?

Por primera vez, el rostro de Paulina mostró un leve atisbo de incomodidad.

De reojo, se dio cuenta de la expresión de fastidio que tenía Enzo.

Entonces, Paulina cerró la puerta trasera y abrió la del copiloto, se abrochó el cinturón y dijo con voz tranquila:

—Vámonos.

Enzo no pudo ocultar su alegría. Así sí se sentía bien.

Durante todo el trayecto, Paulina cerró los ojos y fingió descansar.

Sus manos, apoyadas sobre las piernas, permanecían apretadas en puños.

Ignoraba intencionalmente la presencia del hombre en el asiento del conductor.

Era el mismo camino de siempre, pero en ese momento, a Paulina le pareció interminable.

No tardaron en detenerse.

Paulina pensó que por fin habían llegado a casa y sintió un pequeño alivio.

Abrió los ojos dispuesta a quitarse el cinturón, pero lo que vio fue un cruce lleno de carros y peatones.

Obvio, Enzo solo estaba esperando el semáforo.

—Paulina, ¿te incomoda tanto estar en el mismo espacio que yo? —la voz de Enzo sonó herida—. ¿Qué te hice para que me trates así?

—No es por ti, el problema soy yo —respondió Paulina, cerrando los ojos de nuevo para ocultar el desconcierto y el dolor que la arrastraban por dentro.

Enzo la miró, sintiendo que el coraje le subía por la garganta al ver la manera en que Paulina se negaba a hablar con él.

Pero justo cuando iba a decir algo, un claxon sonó detrás de ellos —¡pip, pip!—, insistente y molesto.

Enzo no tuvo más remedio que tranquilizarse y volver a avanzar.

Sin darse cuenta, ya tenían luz verde.

Ambos estaban tan metidos en sus pensamientos que ni lo notaron.

Unos minutos después, el carro volvió a detenerse.

Paulina, para evitar más incomodidad, se aseguró de que ya estaban frente a su edificio. Apenas lo confirmo, soltó un seco:

—Gracias.

Y quiso abrir la puerta para irse.

Pero Enzo no se lo permitió; la tomó de la mano, sus ojos húmedos reflejando una mezcla de desesperación y tristeza.

—Paulina, ¿podemos platicar bien, por favor?

Al escuchar su nombre de esa boca tan familiar, Paulina se tensó por completo.

La piel donde Enzo la sostenía parecía quemar.

—Déjame en paz, por favor.

Apenas terminó de decirlo, empujó la puerta y salió del carro.

Esta vez, Enzo no la detuvo.

Paulina logró bajarse sin problemas, y se alejó sin mirar atrás.

Enzo, desde el asiento, solo pudo observar cómo ella se alejaba, con una expresión difícil de descifrar.

...

Al día siguiente.

Joana se incorporó en la cama, llevándose una mano a la cabeza.

Miró el reloj: eran las nueve de la mañana.

Menos mal que la final del Festival Nacional era por la tarde.

Todavía tenía tiempo de sobra.

Se levantó, fue al baño y se lavó la cara. De paso, preparó un vaso de agua con limón.

Después de la fiesta, sentía la garganta reseca y una incomodidad que no se le quitaba.

Definitivamente, tenía que dejar de tomar tanto la próxima vez.

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