—¿Qué pasó? ¿Por qué tan enojada?
La voz de Fabián, inconfundible y familiar, sonó a la espalda de Tatiana, provocando que se le erizara la piel del susto.
Su expresión cambió en un abrir y cerrar de ojos. Le lanzó una mirada significativa a la empleada, indicándole que se retirara.
La empleada entendió de inmediato y desapareció sin atreverse a mirar atrás.
Tatiana se recompuso rápido, ocultando cualquier rastro de mal genio antes de girar para explicarle a Fabián:
—Fabián, es que estoy embarazada y a veces me siento inestable, no puedo controlar mis emociones cuando me llegan así.
Apenas terminó de hablar, su cara se llenó de culpa y algo de tristeza.
—Voy a buscarla para pedirle una disculpa, la neta es que tengo que cambiar mi carácter. No puedo desquitarme con los demás solo porque no me controlo por el embarazo.
Al oírla, en los ojos de Fabián apareció un destello de ternura.
Se acercó a Tatiana y, sentándose a su lado, la abrazó con cuidado.
—Ya, no le des más vueltas. Seguro que la empleada entiende por lo que estás pasando. Ella sabe que estás embarazada, Tati.
A pesar de su intento de tranquilizarla, Fabián sintió un leve remordimiento.
Ver a la mujer que amaba quebrada por la culpa le apretaba el pecho.
Pero Tatiana insistió en que quería recompensar a la empleada con un aumento de sueldo.
Fabián se resignó y le sonrió con dulzura.
—Está bien, como tú digas. Manita, eres demasiado buena.
Por fin, Tatiana sonrió entre lágrimas.
—Es que me siento mal. La pobre ni la debía ni la temía y aguantó mi mal humor.
Mientras hablaba, Tatiana no le quitaba el ojo de encima a Fabián, escudriñando su reacción.
Al ver que ya no había rastro de sospecha en su mirada, por fin pudo relajarse.
"Qué bueno que reaccioné rápido", pensó. "Logré salir bien librada."
Tatiana cambió el tema de inmediato.
Eso solo podía significar una cosa: en el fondo, no tenía ganas de controlarse.
Fabián frunció el ceño, con la mirada perdida.
En sus recuerdos, Tatiana era la mujer más dulce que conocía, la misma Carolina de siempre. ¿En qué momento se había vuelto tan diferente?
Apretó los labios, decidiendo no decir nada más.
Después de tranquilizar a Tatiana, Fabián la cargó en brazos y la llevó a descansar al piso de arriba.
Tatiana bostezó. El cansancio la vencía poco a poco.
Cuando notó que Fabián se preparaba para irse, lo tomó del brazo.
—¿A dónde vas?
—Voy a arreglar unos detalles de la boda. Ya no puedo seguir posponiéndolo —le contestó Fabián, inclinándose para darle un beso en la cabeza antes de agregar—: Aunque queda poco tiempo, quiero que todo sea perfecto para ti.
—Eres lo máximo —dijo Tatiana, escondiendo la cara en las sábanas, dejando solo sus ojos, llenos de amor, asomándose para mirar a Fabián.

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