Aunque Tatiana resultaba todavía más despreciable, por el bien de la familia Rivas, Vanessa tenía que guardarse todo.
En cuanto Arturo le lanzó una mirada, Ezequiel apareció de detrás de Vanessa, bloqueándole el paso.
Ya no tenía escapatoria, pues tanto al frente como atrás le cerraron el camino.
Apretó con fuerza su celular y soltó, con voz temblorosa:
—¿Qué quieren hacerme?
Joana, con una sonrisa tranquila, levantó un dedo y le indicó a Vanessa que bajara la voz.
—Aquí no es el lugar para platicar. Mejor busquemos otro sitio, ¿te parece?
De reojo, Vanessa podía ver a Ezequiel, firme como una muralla justo detrás de ella.
En ese instante, se sintió como carne puesta sobre la tabla del carnicero, esperando el golpe, indefensa.
Al final, solo pudo asentir y seguir a Joana y los demás, alejándose del bullicio del camerino.
Y es que, escuchando los gritos y risas desagradables que venían de ahí, el malestar le revolvía el estómago. Definitivamente, ahí no era lugar para hablar en serio.
Cuando por fin estuvieron lejos, la mirada de Vanessa se volvió cortante.
—Joana, ¿qué es lo que buscas?
—No creas que porque tienes al señor Zambrano de tu lado puedes hacer lo que quieras —Vanessa le echó una mirada a Arturo, que estaba al lado de Joana. Aunque por dentro sentía el corazón a mil, mantuvo la espalda recta y la voz firme.
Arturo, al oírla, no dijo nada. Sin embargo, dio un paso al frente, colocándose de manera protectora frente a Joana. El mensaje era clarísimo: no iba a permitir que la tocaran.
Joana arqueó las cejas, con aire confiado.
—Lo que quiero es sencillo: dame el video que tienes en el celular —dijo, sin rodeos.
—¡Jamás!
Vanessa ni se lo pensó.
—Ese video no va a salir de mi celular, así me maten.
Joana no parecía sorprendida por su respuesta.
—Haz lo que quieras, pero si sigues así, no me quedará de otra que usar métodos más duros.
Apenas terminó de hablar, la mirada de Joana se volvió amenazadora.
Ezequiel, por su parte, se acercó a Vanessa con paso firme. Sonreía, pero su voz sonó cortante:
—Srta. Vanessa, discúlpeme, pero no me deja opciones.
Vanessa mordió su labio inferior. Era obvio, no tenía forma de escapar.
...
En ese momento, la boda dio inicio.
Tatiana le pidió a Valentín, en voz baja, que no dejara ni una sola marca en su piel.
Ese día llevaba un vestido de novia sin tirantes, y cualquier señal sería imposible de disimular.
Con paso seguro, Tatiana subió al escenario. Frente a ella, vestido de blanco impecable, la esperaba Fabián, mirándola con ojos llenos de amor.

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