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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 818

—¡Sí, quiero morirme! —Tatiana gritó aún más fuerte—. Si ni siquiera tú confías en mí, ¿para qué seguir viva?

Tatiana, con la mirada apagada y el cabello cayéndole sobre una mejilla pálida, parecía haber perdido toda esperanza. Sus ojos, tan cautivadores como siempre, ahora estaban llenos de lágrimas que se desprendían en gotas grandes, resbalando por su mandíbula hasta caer al suelo.

Esa imagen tan vulnerable hizo que el corazón de Fabián diera un vuelco. La fragilidad de Tatiana le recordó a la mujer de sus recuerdos, la misma que alguna vez lo conmovió.

Fabián suspiró apenas, tan bajo que resultaba imposible saber si lo hizo. Al final, no pudo ser indiferente.

Se acercó a Tatiana y, con cuidado, la levantó en brazos y la acomodó sobre la cama.

—Ya, mejor no hablemos de esto ahorita. Descansa, ¿sí?

Apenas terminó de decirlo, Fabián se dispuso a salir del cuarto.

Pero Tatiana lo detuvo, aferrándose a su manga con fuerza, el brillo de las lágrimas aún en sus ojos.

—Fabián, ¿vas… vas a volver a verme?

Fabián dudó. Sus ojos oscuros se posaron, a través de la sábana del hospital, en el vientre de Tatiana. Sentimientos encontrados lo invadieron.

Tensó los labios antes de responder:

—Ya veremos.

No fue un sí ni un no.

Eso, sin embargo, le dio un poco de alivio a Tatiana. Por lo menos, todavía había una pequeña esperanza.

Finalmente, soltó la manga de Fabián con cierta reticencia.

—Entonces… cuídate en el camino.

Fabián asintió con un breve murmullo y se marchó. Sus movimientos fueron fluidos, sin titubeos.

Cuando la puerta se cerró tras él, Tatiana se llevó la mano al vientre, la mirada oscura y llena de pensamientos.

Acababa de jugar bien sus cartas.

Mientras Fabián siguiera dispuesto a detenerla, todavía había una posibilidad para ella.

En cuanto a las lágrimas… como actriz consagrada, Tatiana sabía muy bien cuál de sus facetas era la más irresistible para los hombres, después de tantos años frente a las cámaras.

Se agachó un poco para escuchar lo que ocurría dentro.

...

Adentro, Tatiana se acomodó en la cama al oír ruidos, pensando que Fabián había regresado.

Ensayó esa sonrisa perfecta que tantas veces practicó frente al espejo, lista para recibirlo.

Pero, al ver entrar a Joana y su familia, la sonrisa se le borró del rostro de inmediato.

—¿A qué vienen? ¿A reírse de mí?

Ya no tenía fuerzas para discutir con Joana.

Joana notó el cambio radical en la expresión de Tatiana y sonrió con malicia.

—No vine a burlarme de ti, ¿o acaso crees que en serio iba a venir a verte por preocupación?

El gesto de Joana, con su carita impecable, fingía una preocupación que solo la hacía ver más sarcástica.

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