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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 820

La comisura de los labios de Tatiana se curvó en una mueca sarcástica.

—¿Qué pasa? ¿De verdad pensaste que yo sola podría hacerte la vida imposible? Si no fuera por tu papá y esa vieja, ¿crees que me habría resultado tan fácil?

Tatiana se inclinó hacia delante, con una sonrisa descarada y los ojos casi chispeando.

—¿Incluso aquella vez que casi te ahogo? ¿Crees que tu queridísima abuelita no lo vio? —Tatiana se encogió de hombros, sin una pizca de remordimiento—. Aunque lo haya visto, esa vieja no dijo ni una palabra, ¿o sí?

Su risa resonó con tal fuerza que por poco se le salían las lágrimas.

Joana se quedó helada al oír la frase “casi te ahogo”. Por instinto, tomó a Dafne del brazo y examinó atentamente su cuello. Allí, en la piel, aún quedaban las marcas, como sombras de lo que pasó, señales que no terminaban de desaparecer.

—Dafne, ¿ella te lastimó de esa manera? —La voz de Joana temblaba de enojo y preocupación.

Dafne apretó los labios, y bajo la mirada angustiada de su mamá, asentó despacio.

—Sí… Pero eso ya quedó atrás, mamá. No te angusties.

Al cruzar su mirada con la de Joana, Dafne sintió una calidez que le envolvía el pecho. Por primera vez en mucho tiempo, supo que no estaba sola, que tenía a su mamá protegiéndola.

Joana levantó la vista hacia Tatiana, que se retorcía en la cama como una fiera enloquecida. Sin pensarlo, dio un paso adelante, lista para enfrentarla.

Pero Arturo, que parecía anticipar cada uno de sus movimientos, le sostuvo la muñeca con firmeza.

—Joana, cálmate —le pidió, moviendo la cabeza de lado a lado.

Joana inspiró hondo, cruzó la mirada con los ojos grises de Arturo y solo entonces logró serenarse. Soltó despacio el aire, relajando la mano.

Por un momento, sí había dejado que la rabia tomara el control. Después de todo, seguían dentro de un hospital.

Sus ojos, antes encendidos de furia, ahora estaban más claros; la mirada que le lanzó a Tatiana resultó tan cortante que hasta el aire en la habitación pareció pesar más.

Por suerte, Arturo la detuvo a tiempo. De no ser así, quién sabe qué habría terminado haciendo. Además, allí estaban los niños. Ella tenía que ser ejemplo para ellos.

—Vámonos. Desde hoy, esta mujer no volverá a pisar la casa de la familia Rivas.

Dijo eso para tranquilizar a los niños. Quería que tuvieran claro que, aunque ella no siempre pudiera estar, Tatiana ya no los lastimaría.

Porque lo cierto es que, en ese momento, Tatiana apenas podía valerse por sí misma.

...

Afuera, Fabián había estado observando todo. Cuando escuchó las palabras de Joana, se apartó rápidamente, como si le acabaran de dar un golpe en el pecho.

Sentía el corazón a punto de salírsele, y las palabras de Joana seguían retumbando en su cabeza.

¿Qué era eso que no recordaba? ¿A qué se refería Joana con que, cuando él recuperara la memoria, Tatiana tendría que enfrentarlo?

¿No era Tatiana la mujer que más amaba? ¿No era solo que, por un error, ahora le costaba mirarla a los ojos?

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