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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 846

Pero ahora, de repente, sentía que ese tipo de vida tampoco estaba nada mal.

Esos dos niños eran hijos suyos y de Joana, lo que significaba que, en este mundo, entre él y Joana existía un lazo irrompible.

Sin saber por qué, en cuanto pensó en eso, el cuerpo de Fabián no pudo evitar temblar.

Solo podía pensar en el rostro delicado de Joana, esa carita que tanto lo había marcado.

De pronto, como si una bombilla se encendiera en su cabeza, Fabián recordó algo.

¿Y si todo ese desprecio que los niños le mostraban a Tatiana era cosa de Joana? ¿Acaso ella los habría manipulado?

Sabía perfectamente que entre él y Tatiana ya no había futuro, la boda se había ido al traste, así que Joana tenía el camino libre, ¿no?

Ahora, si esos niños seguían lanzándole indirectas y malos comentarios a Tatiana, ella terminaría por irse. Y entonces, Joana tendría la excusa perfecta para pedirle volver a estar juntos.

Entre más lo pensaba, más sentido le encontraba Fabián a su teoría.

Al final, Joana todavía no lo había superado.

Al darse cuenta de esto, Fabián enderezó la espalda y, sin poder evitarlo, una sensación de alegría le recorrió el pecho. Incluso en su cara apareció una leve sonrisa.

Ya no sentía ese rechazo de antes hacia Joana.

Tan solo pensar en ella le llenaba la cabeza de ideas y emociones.

Antes de regresar a su despacho, Fabián le echó una mirada profunda a la puerta de la habitación.

A partir de ahora, sería mejor tratar bien a los dos niños.

...

Al día siguiente.

Estudio Renacer.

Joana llegó a la oficina y notó que todos tenían una sonrisa de oreja a oreja.

Ni siquiera había entendido qué pasaba, cuando Isidora apareció con unos papeles en la mano, imposible ocultar la emoción en su rostro.

—Joana, ¿adivina cuánto vendimos en la tienda en línea en la última quincena?

Joana, viendo la expresión de Isidora, ya tenía claro que el número no sería nada bajo.

Abrió la página principal de la tienda en línea, y ahí quedó claro por qué las cifras eran tan altas.

Isidora, siempre creativa, había hecho unos dibujos de monitos parecidos a ella, los combinó con ediciones vibrantes y los mezcló en un video.

A eso le sumó textos divertidos y una canción popular, y el resultado era imposible de ignorar.

Además, Isidora colocó el video en la portada de la tienda. Justo ahora estaban promocionando el vestido con el que ganó en el Festival Nacional, y eso había impulsado más las ventas.

Joana no pudo evitar elogiarla.

—No cabe duda, Isidora, tienes un don para las ventas.

—Es que tú, Joana, me inspiraste en el concurso. Por eso se me ocurrió lo de los monitos.

Joana miró los comentarios llenos de elogios y no resistió la tentación de darle unas palmaditas en el hombro a Isidora.

—Con ese talento, ¡te mereces un aumento!

—¡Esooo! —Isidora fingió hacerse la tímida, se pegó al hombro de Joana y le respondió de forma exagerada—: Entonces, hermana, de ahora en adelante me quedo contigo. Pero la jefa millonaria tiene que tratarme bonito, ¿eh?

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