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Cuando su celo llegó, mi vestido ya era de otro romance Capítulo 4

Renzo soltó una risa burlona.

—¿Acaso no soy yo quien te compra todas esas cosas?-

Al ver que eso no funcionaba, los dedos de Priscilla comenzaron a bajar lentamente, atreviéndose a tocar el calor que se escondía debajo de su cinturón.

El deseo oscureció la mirada de Renzo y su tono se volvió peligroso.

—¿Qué estás tocando? Deja de jugar con fuego.

Se había contenido hace un momento porque ella se sentía mal, y ahí estaba de nuevo, provocándolo. Realmente no le importaba el peligro.

—Te ayudo a desahogarte —dijo Priscilla haciéndose la inocente, sabiendo perfectamente que a él también le costaba contenerse. Antes, le habría dado pena dejarlo así, pero ahora... ya no le importaba.

Renzo se dejó llevar. Después de un buen rato, con la expresión mucho más relajada, notó que Priscilla volvía a insistir en el dinero. Su respuesta siguió siendo evasiva.

—Últimamente no tengo liquidez en los negocios.

Era una excusa obvia.

Priscilla casi llora de la rabia. Tragándose su frustración, se bajó de las piernas de Renzo.

Él no la detuvo. Encendió un cigarro y observó su espalda, notando que estaba molesta.

—¿A dónde vas?

—Al baño.

«Tengo las manos sucias».

***

No usó el baño de la sala privada, sino que salió al área principal.

El ambiente adentro estaba muy pesado y olía demasiado a tabaco, pero lo principal era que sentía náuseas.

Sin embargo, frente al lavabo, no vomitó nada.

Lo que sí hizo fue escuchar los chismes de otras chicas.

—¿De qué trata el evento de esta noche? ¿Por qué Renzo armó algo tan grande?

—Escuché que una amiga suya regresó del extranjero y le está haciendo una fiesta de bienvenida.

Una chica alta que estaba al lado intervino:

—¿Aún no se enteran? Por supuesto que es su amor de la infancia, Isabella Rossi. ¿No han visto las noticias? Las familias Sandoval y Rossi se van a unir.

Otra chica suspiró con envidia:

—Qué suerte, viene de buena familia y tiene un hombre guapo y rico que la ama. ¿Por qué somos tan diferentes? Por cierto, dicen que le puso ese nombre al lugar porque a Isabella le encanta el mar y la noche. ¿Será mucha coincidencia?

Priscilla sintió como si le clavaran una aguja en el corazón. Una punzada de acidez le subió por la garganta y, de pronto, sintió que le faltaba el aire.

Sabía que Renzo había inaugurado este club, pero nunca se había puesto a pensar en el significado del nombre.

Priscilla no esperaba esa pregunta. Sin embargo, al ver su impecable camisa y pantalón de vestir, que desentonaban por completo con el ambiente del club, y la honestidad en su mirada, supo que no era el típico pesado intentando coquetear.

—He actuado en algunas series, tal vez me hayas visto en la televisión —respondió.

El hombre asintió, comprendiendo.

—Ya veo. —Hizo una pausa y añadió—: Yo también tengo una productora, se llama Rossi Media. Estamos preparando una serie. Si te interesa, puedes venir a hacer una audición. Aquí tienes mi tarjeta.

Priscilla jamás imaginó conseguir una oportunidad de casting en un lugar como ese. En otras circunstancias no habría confiado tan fácilmente, pero el hombre le transmitía mucha paz y una extraña familiaridad, así que extendió la mano para tomar la tarjeta.

De repente, unos dedos largos se adelantaron y la tomaron por ella.

Renzo agarró la tarjeta, la miró de reojo, se la guardó en el bolsillo y miró al hombre frente a él. Levantó una ceja, con una actitud que mezclaba arrogancia y una casual confianza.

—Isabella te estaba buscando hace un momento. ¿No vas para allá?

Los ojos del hombre mostraron una sonrisa cordial.

—Justo estaba buscando a esa niña.

Le hizo un leve asentimiento a Priscilla y se despidió con educación:

—Con permiso.

Tras despachar al hombre, Renzo notó que Priscilla seguía mirando en dirección a donde él se había ido, como si le doliera dejarlo ir. La tomó por la cintura con un solo brazo, bajó la mirada con frialdad y le susurró entre dientes:

—¿No te dolió suficiente la cintura con el empujón de hace rato? ¿Ya estás coqueteando otra vez?

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