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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1078

Con la ventana aún abierta, una ráfaga de viento helado entró en la habitación y trajo consigo un inconfundible olor a alcohol.

Belén dedujo de inmediato que Fabián había estado bebiendo.

Fabián tenía las mejillas ligeramente rojas. La miró desde arriba y, con una voz que destilaba frialdad, le soltó:

—¿Qué pasa? ¿Estás decepcionada de que sea yo?

Belén endureció su expresión y le exigió una respuesta:

—¿Qué haces aquí tan tarde? ¿Se te ofrece algo?

Los ojos oscuros de Fabián se clavaron en ella.

—Tengo algo que preguntarte.

Belén quitó las cobijas, haciendo ademán de levantarse.

—Si tienes algo que decirme, bajemos a la sala.

Pero Fabián no retrocedió ni un milímetro.

—Lo hablaremos aquí.

Belén no insistió. Simplemente lo miró con confusión y preguntó:

—¿Qué quieres decirme?

Fabián se quedó mirándola fijamente. Pasó un largo rato en el que ninguno de los dos pronunció palabra.

Justo cuando la paciencia de Belén estaba a punto de agotarse, Fabián finalmente rompió el silencio:

—¿Quieres que me case con Frida?

Belén, mostrando absoluta indiferencia, respondió:

—Ese es tu problema, no el mío.

Al ver su frialdad, Fabián sintió una punzada de dolor en el pecho.

Después de unos segundos, le recriminó con amargura:

—Pero todavía no nos hemos divorciado.

Belén alzó el rostro y, sin ninguna emoción en la voz, replicó:

—¿Y qué importa?

Y de inmediato añadió:

—De todos modos vamos a terminar divorciándonos.

Esas palabras hicieron que Fabián se quedara mudo.

La luz de la habitación era tenue, y el rostro de Fabián permanecía medio oculto en las sombras. Aunque no podía distinguir cada uno de sus gestos, Belén presentía que su respuesta lo había enfurecido.

Belén se quedó paralizada. Lo miraba totalmente aturdida, llena de dudas y desconcierto.

Cuando reaccionó, fue tajante y le señaló la salida.

—Vete de aquí. No eres bienvenido, y lo que estás haciendo es allanamiento de morada.

Apenas terminó de hablar, Fabián dio un paso hacia ella. Se paró junto a la cama e inclinó el cuerpo, bloqueando por completo la escasa luz que caía sobre ella.

Su rostro quedó envuelto en las sombras. Ver esa silueta oscura acercándose aterrorizó a Belén.

Por instinto, intentó levantarse de la cama, pero Fabián la agarró con brusquedad.

Sus grandes manos la tomaron por la cintura y la empujaron hacia atrás, inmovilizándola contra el colchón.

Antes de que Belén pudiera siquiera gritar, Fabián le tapó la boca con la mano.

Se inclinó hasta pegar sus labios a su oído y, con una voz perturbadoramente seductora, le murmuró:

—No nos divorciemos, ¿de acuerdo?

Belén se retorcía de repulsión, pero con la boca tapada, no podía emitir ni un solo sonido.

Los labios de Fabián descendieron desde su oído, dejando un rastro de besos hacia su cuello.

Ella forcejeaba con todas sus fuerzas, pero con la pierna recién operada, no lograba apartarlo.

Y justo en ese momento, otra figura saltó ágilmente por la ventana. Era Tobías.

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