Bajó la mirada y dejó escapar una sonrisa que no pudo contener.
Cuando volvió a levantar la cabeza, se enderezó un poco, tomó el rostro de Belén entre sus manos y unió sus labios con los de ella.
Fue un beso tierno y prolongado, sin embargo, no lo profundizó. Al separarse, apoyó su frente contra la de ella y susurró:
—Me arrepiento tanto de haberte dejado ir con él. Si hubiera insistido un poco más, tal vez nunca habrías sido suya.
Al decirlo, la voz de Tobías se quebró, volviéndose ronca, y sus ojos se enrojecieron.
Cerca de su oído, Belén podía escuchar su respiración entrecortada.
No era difícil adivinar que estaba sufriendo.
En ese momento, Belén sintió como si una mano invisible le estrujara el corazón.
Bajó la mirada hacia Tobías, y sin poder evitarlo, deslizó sus brazos alrededor de su cuello. Inclinó la cabeza, depositó un suave beso en la comisura de sus labios y se apartó ligeramente.
Mirándolo a los ojos, con las mejillas teñidas de un suave rubor, le dijo con timidez:
—Tobías, ya no seré suya.
En ese instante, el corazón de Tobías dio un vuelco. Sintió como si fuegos artificiales estallaran en su pecho, o como si una pluma acariciara delicadamente su alma.
Esa sensación de cosquilleo lo hizo querer llorar y reír al mismo tiempo.
Levantó el rostro para mirar a Belén. Le parecía increíble, así que, con cautela, preguntó:
—¿Entonces serás mía?
Fijó su mirada en la de ella, penetrando hasta lo más profundo de sus ojos.
En sus pupilas vio reflejado su propio rostro, marcado por la ansiedad y la esperanza. Era un rostro que a él mismo le resultaba extraño.
Pero, en ese momento, no sentía ni una pizca de arrepentimiento.
Al encontrarse con la mirada sincera y expectante de Tobías, Belén asintió con la cabeza y pronunció:
—Sí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....