Mientras Belén se perdía en sus pensamientos, Tobías le acercó una cucharada de avena a los labios.
Como si estuviera alimentando a una niña pequeña, le dijo con voz cantarina:
—Ahhh, abre la boca.
Belén regresó al presente. Alzó la vista para mirarlo y, de manera inevitable, los recuerdos de sus cuerpos enlazados en la oscuridad inundaron su mente.
Pensar en el desenfreno de la noche la hizo ruborizarse nuevamente.
Al verla, Tobías sonrió. Una inexplicable sensación de triunfo lo invadió.
La había conquistado.
Belén abrió la boca y probó lo que Tobías le ofrecía.
Su atención a los detalles le brindaba una inmensa tranquilidad.
En el instante en que él la hizo suya la noche anterior, un torbellino de pensamientos había cruzado por su cabeza.
¿Acaso Tobías era tan bueno con ella por alguna razón oculta?
Es bien sabido que los hombres sienten un instinto de conquista hacia lo que nunca han poseído, y ella representaba exactamente eso para él. No porque fuera increíblemente hermosa o única, sino simplemente porque era inalcanzable.
Entonces, ¿cambiaría su actitud una vez que lograra su objetivo?
Pero no fue así. Tobías seguía siendo el mismo de siempre, e incluso parecía mostrarse aún más atento.
Mientras masticaba lentamente, su mente seguía dándole vueltas a varias preocupaciones.
Al notar que estaba inmersa en sus pensamientos y con la mirada perdida, Tobías aprovechó su distracción, se inclinó y con un beso robó un granito de avena que había quedado en su labio.
Cuando Belén reaccionó, solo vio los ojos de Tobías mirándola con una chispa de picardía.
Lo fulminó con la mirada y, fingiendo enojo, le soltó:
—¿Qué crees que haces?
Tobías se relamió los labios, como si aún saboreara el momento, y le respondió con una sonrisa seductora:
—Recordando cómo se sintió anoche. Recuerdo que tus labios son muy dulces.
Al escuchar esto, Belén no pudo evitar reprocharle:
—Tobías, no tienes vergüenza.
Belén se asustó y se apresuró a negarlo:
—No es cierto, no imagines cosas.
Cuando Tobías se inclinó hacia ella, Belén se echó hacia atrás por puro instinto, pero él sujetó con firmeza la nuca de ella y la forzó a regresar a su posición.
Sin escapatoria alguna, Belén sintió cómo los labios de Tobías silenciaban los suyos.
Esta vez, el beso no tenía la dulzura de la noche anterior. Fue como un huracán desatado, colándose en su boca con intensidad, devorándolo todo a su paso de forma implacable.
Belén levantó el rostro, respondiendo de forma casi automática a sus embates. Cada suave gemido que escapaba de sus labios se clavaba en el corazón de Tobías como una adicción imposible de curar.
Él la estrechó con más fuerza contra su pecho y, en un ágil movimiento, la recostó de espaldas sobre el colchón.
Tobías apoyó su frente contra la de ella. Su respiración agitada y profunda resonaba en el oído de Belén, estremeciéndola.
Al mismo tiempo, le susurró al oído:
—Quiero hacerlo de nuevo, ¿puedo?
El cuerpo de Tobías irradiaba un calor abrasador, y sentía las venas de sus sienes palpitar como si estuvieran a punto de estallar, luchando por contener la pasión que se desbordaba en su interior.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....