La voz de Fabián sonó completamente gélida.
—Estaba atendiendo asuntos personales.
Pero al patriarca le importó muy poco su excusa y le ordenó de inmediato:
—Regresa a la mansión en este instante.
Fabián se quedó en silencio un segundo antes de responder con tono apagado:
—Está bien.
Tras aceptar la orden, volvió a dirigir la mirada hacia el lugar donde estaba Belén, escudada por la figura de Tobías, y preguntó:
—Belén, ¿vas a venir conmigo a la mansión principal?
Sentada en el interior del auto, aunque no podía verle el rostro, Belén escuchó su voz con absoluta claridad.
El simple tono de Fabián fue suficiente para llenarla de angustia e inseguridad.
No respondió a su pregunta. Se quedó callada.
Al ver que ella no tenía la menor intención de contestar, Tobías miró a Fabián con desprecio y le espetó:
—Ella no tiene ninguna obligación de ir contigo. Y si va a alguna parte, será a casa conmigo.
Dicho esto, rodeó el capó del auto con pasos firmes, se subió al asiento del conductor y, pisando el acelerador a fondo, desapareció del lugar a toda velocidad.
Fabián se quedó parado en la acera, viendo cómo las luces rojas del auto se perdían en la distancia. Una sensación amarga e indefinible le revolvió el estómago. Se sentía miserable.
Se quedó plantado ahí durante mucho tiempo, hasta que el viento helado comenzó a cortarle el rostro. Solo entonces reaccionó; movió lentamente su cuerpo entumecido, se dio la vuelta y regresó a su auto.
Mientras tanto, en el vehículo en movimiento.
Belén iba en el asiento del copiloto, con el corazón latiéndole desbocado.
Tobías notó su decaimiento y no pudo evitar preguntarle con suavidad:
—¿Todavía tienes miedo?
Belén guardó silencio por un momento antes de sincerarse.
—Tobías... Fabián no es el tipo de hombre al que puedes provocar y salir ileso. Alguien como él jamás soportará la idea de una infidelidad. Legalmente sigo casada con él. Si descubre que lo he traicionado, te aseguro que no se quedará de brazos cruzados.
El auto se detuvo en un semáforo en rojo; el contador marcaba más de sesenta segundos.
Tobías giró la cabeza, la miró fijamente a los ojos con total seriedad y le hizo la pregunta más honesta de todas:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....