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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1125

Cuando Fabián cruzó la puerta de la mansión principal, su abuelo ya lo esperaba sentado en el gran salón. Tenía las manos apoyadas sobre su pesado bastón y desprendía un aura tan severa y autoritaria que a cualquiera se le pondría la piel de gallina.

Apenas puso un pie adentro, la voz colérica del anciano retumbó en la habitación, lanzando la primera exigencia:

—¿Ya te divorciaste de Belén o no?

Fabián se acercó con pasos lentos y, mirándolo desde arriba, le respondió:

—Todavía no.

Al escuchar la respuesta, el anciano golpeó el suelo con furia usando su bastón y le gritó:

—¡Faltan tan solo dos días para tu boda con Frida y aún no firmas los papeles de divorcio con Belén! ¿Qué diablos pretendes, muchacho?

Fabián no estaba de humor para sermones, pero trató de mantener la calma.

—El hecho de que me divorcie o no, no afecta en nada que la ceremonia con Frida se lleve a cabo.

A fin de cuentas, solo iban a celebrar una fiesta, no iban a firmar una nueva acta de matrimonio.

Ese comentario solo logró enfurecer más al abuelo. Volvió a azotar el bastón contra el piso, fuera de sí.

—¡Fabián, estás demente! ¿Qué es lo que quieres lograr con todo esto?

Fabián se quedó pensativo por unos segundos. Cuando volvió a mirar el rostro de su abuelo, deformado por la rabia, simplemente le contestó:

—No lo sé.

Esa respuesta tan despreocupada colmó la paciencia del anciano. Pálido de la furia, levantó su pesado bastón y se lo lanzó directamente al cuerpo de su nieto.

—¿Acaso crees que un matrimonio es un juego de niños? ¡Los invitados ya están confirmados y tú todavía no liquidas tu situación con Belén! ¿Quieres matarme de un coraje? ¡Eso es lo que buscas!

El bastón voló por el aire y se estrelló de lleno contra la pierna de Fabián, obligándolo a flexionar la rodilla por el intenso dolor.

Pero una vez que el pinchazo agudo pasó, levantó el rostro de nuevo. Sin mostrar la más mínima emoción, respondió con frialdad:

—No intento matar a nadie de un coraje.

El anciano lo miraba con desesperación, golpeándose el pecho, a punto del colapso.

Después de un largo momento intentando recuperar el aliento, le preguntó con un tono lleno de frustración:

—Dime la verdad... ¿Es Belén la que se niega a darte el divorcio?

Las palabras escaparon de los labios de Fabián antes de que pudiera frenarlas:

—Ojalá fuera ella la que no quisiera firmar.

El abuelo se quedó paralizado, completamente confundido.

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