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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1126

Camila percibió de inmediato el pésimo humor de Fabián, pero no se acobardó y continuó insistiendo.

—Señor, llevo varios días sin poder ver a la señorita Cecilia. ¿No piensa ir a la casa de al lado para ver cómo está?

Fabián, ya al límite de su paciencia, le soltó de mala gana:

—La señora Helena está con ella, no le va a pasar nada malo a Cecilia. Tú solo preocúpate por tus asuntos.

Pero Camila no encontraba consuelo en esa respuesta. Movida por la angustia, le advirtió:

—Sea como sea, Helena Morales no es más que una extraña. ¿Cómo puede estar tan tranquilo dejándole el cuidado de la niña? ¿Qué pasa si ocurre un accidente?

Fabián ya no quería seguir escuchando. Se pellizcó el puente de la nariz, hastiado, y dijo con voz lúgubre:

—Estoy cansado. Me voy arriba a descansar.

Al ver su total indiferencia, Camila sintió una oleada de indignación y le gritó a la espalda:

—¡Si usted no va a verla, entonces iré yo!

Sin dudarlo un segundo, la mujer salió furiosa de la casa.

Fabián escuchó sus quejas, pero lo único que le produjeron fue un mayor fastidio. Ignoró sus palabras por completo y comenzó a subir las escaleras rumbo a su habitación.

Cuando Camila cruzó el portón de la Mansión Armonía a toda prisa, casi se estrella de frente con Frida, que venía saliendo de la casa contigua.

La empleada iba tan rápido y tan concentrada en su frustración que el choque estuvo a punto de ocurrir, pero alcanzó a frenar en el último milímetro.

Al darse cuenta de que se trataba de Frida, Camila soltó con cierto nerviosismo:

—Señora.

Frida la miró de arriba a abajo con frialdad y le preguntó con tono autoritario:

—¿A dónde vas con tanta prisa?

Camila no se anduvo con rodeos:

—Voy a ver cómo está la señorita Cecilia.

Frida bloqueó su camino de inmediato.

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