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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1129

Tobías condujo hasta llevar a Belén a la mansión Galindo.

Al bajar del auto, Tobías se acercó para tomarla en brazos. Ella no se resistió; al contrario, levantó las manos y rodeó su cuello.

Desde la entrada principal, avanzaron besándose apasionadamente.

Ante las caricias de Tobías, por mucho que Belén intentara mantener el control, al final le resultó imposible contenerse.

Se dejó llevar por su seductor encanto y comenzó a corresponderle con entusiasmo.

Y esa entrega de su parte solo encendió aún más el deseo desbordante de Tobías.

Desde la reja principal hasta la sala, tuvieron que cruzar el patio y seguir un sendero de piedras decorativas hasta llegar a la puerta.

Y en ese corto trayecto, Belén ya se había encargado de desabrocharle la camisa a Tobías, deslizando sus cálidos dedos para acariciar su torso firme y musculoso.

Al mismo tiempo, Tobías ya la había despojado de casi toda su ropa, dejándola apenas con una prenda ligera.

Al entrar a la sala, Tobías ni siquiera se molestó en llevarla al segundo piso, sino que la acorraló directamente contra el mueble del recibidor.

Belén se sentó sobre la superficie de madera, abrazada al cuello de Tobías mientras se fundían en un beso febril. El ambiente se llenó con el sonido húmedo e íntimo de sus bocas al encontrarse.

Ambos bebían del sabor del otro sin dudarlo, y entre el roce de sus labios y dientes, se escapaban pequeños gemidos entrecortados.

Las manos de Belén, en un arrebato de audacia, se deslizaron hacia la parte baja de su abdomen.

Justo cuando rozó cierta zona, intentó retirar la mano rápidamente, pero Tobías la sujetó con firmeza y la obligó a mantenerla sobre su ardiente calor.

Tobías levantó el rostro por instinto, dejando escapar una serie de suspiros de puro placer. Luego, bajó la cabeza y besó directamente el pecho de Belén.

En ese instante, ella dejó escapar un gemido ahogado.

El cuerpo de Tobías ardía en fiebre. Sosteniendo la espalda de Belén con una sola mano, se acercó a su oído y, con la respiración agitada, le preguntó:

Inclinándose de nuevo, mordió suavemente el lóbulo de su oreja y le murmuró:

—Con solo pedirlo, tu hombre siempre te complacerá. Voy a hacer que nunca quieras separarte de mí y que solo desees estar con un hombre en tu vida.

Dicho esto, se deslizó lentamente hacia abajo y sujetó sus piernas.

Después de sus caricias, Belén sintió que tocaba el cielo por primera vez.

Pero Tobías no se detuvo ahí y le regaló un segundo viaje a las estrellas.

Así fue como Belén terminó completamente exhausta, derribada sobre el sofá tras el ímpetu de Tobías.

En el estrecho sillón, ambos estaban abrazados. Belén se acurrucó en el pecho de él, cayendo en un sueño profundo.

Tobías, por su parte, seguía saboreando la experiencia reciente. Cada oleada de placer que recordaba le ponía la piel de gallina; estaba completamente obsesionado con esa sensación indescriptible.

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