Al escucharla, Tobías soltó una carcajada encantadora. Inclinó la cabeza para mirarla y preguntó divertido:
—¿Apenas te vas dando cuenta, mi amor?
Sin saber qué más hacer con él, ella le dio un manotazo en el pecho:
—¡Sinvergüenza!
Pero él atrapó su mano en el aire, la presionó con fuerza contra su corazón y, clavando en ella una mirada profunda y seductora, le murmuró:
—¿De verdad serías capaz de lastimarme?
Al ver esos oscuros ojos, Belén sintió que era un abismo en el que estaba a punto de caer irremediablemente.
Prefirió apartar la vista. Forcejeó un poco para soltarse y le dijo:
—Tobías, ya es tarde, me tengo que ir.
Él la jaló de nuevo hacia sí, apoyó su frente contra la de ella y sentenció:
—Esta noche no te vas a ir.
Pensando en las consecuencias, ella se resistió un poco:
—No puedo. Si mi hermano se entera, se va a enojar muchísimo.
Tobías le levantó la barbilla suavemente y le dijo con toda tranquilidad:
—Hace un rato le mandé un mensaje a Leandro avisándole que no ibas a volver a casa a dormir. Y él ya me respondió que estaba de acuerdo.
Belén lo miró con pánico en los ojos:
—¿No me estás mintiendo?
Él se estiró para alcanzar su celular:
—Te lo voy a enseñar.
Tomó el celular de la mesa, desbloqueó la pantalla y le mostró la conversación de WhatsApp.
Ahí estaba, clarísima, la charla entre Tobías y Leandro Soler.
Tobías había escrito: —Leandro, Belén se quedó dormida aquí en mi casa. ¿Me das permiso de que pase la noche aquí?
Y unos diez minutos después, Leandro había respondido: —Entendido. Solo asegúrate de cuidarla bien.
A lo que Tobías agregó: —Gracias.
Y Leandro no había vuelto a escribir.
Viendo que Leandro había accedido a la petición, Belén todavía no se lo podía creer, así que entró a ver las publicaciones de los estados de ese contacto.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....