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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1133

Cuando Tobías volvió a la habitación, Belén ya estaba medio dormida.

Pero al sentir el roce de sus brazos, abrió pesadamente los ojos.

Con la mirada todavía algo perdida por el sueño, le preguntó con voz ronca:

—¿Ya está lista el agua?

Él bajó la mirada hacia ella con un brillo juguetón en los ojos, esbozó una sonrisa traviesa y respondió:

—Todo listo, solo te estaba esperando a ti.

Al escuchar ese tono, ella presintió que él no tenía las mejores intenciones.

Podía adivinar perfectamente lo que estaba a punto de pasar.

Sin embargo, no lo rechazó. Simplemente pasó los brazos por su cuello y escondió el rostro en su hombro.

Al notar que ella no oponía resistencia, los pasos de Tobías se volvieron más rápidos.

Una vez en el baño, la sumergió con delicadeza en la espaciosa tina. Se puso en cuclillas a un lado y le preguntó:

—Mi amor, ¿me dejas bañarme contigo?

Con esa simple pregunta, Belén supo con exactitud en qué terminaría todo.

El baño estaba envuelto en un cálido vapor y, bajo la luz tenue y ambarina, el rostro de Tobías se veía más fascinante y atractivo que nunca.

Su corazón dio un vuelco.

Y aunque su mente aún dudaba, sus labios se adelantaron y pronunciaron:

—Mmm... está bien.

Al escuchar su respuesta afirmativa, Tobías no perdió un segundo, se deshizo de la toalla y entró en el agua.

Al sumergirse, el agua estuvo a punto de desbordarse.

Una vez acomodado, tomó una de las piernas de Belén y le dijo:

—Has estado muy tensa estos días, déjame darte un masajito.

Pero en cuanto sus manos la tocaron, ella se sobresaltó y trató de apartarse.

No era porque le molestara, sino porque esa zona era demasiado sensible y reaccionó por instinto.

Tobías la soltó con una gran sonrisa y le preguntó:

—¿Qué pasa?

Con el rostro encendido por el vapor del agua caliente, ella tartamudeó:

—Es... soy muy sensible ahí.

Él soltó una carcajada encantado con su reacción:

—A estas alturas, ¿hay alguna parte de ti que yo no haya tocado? ¿Todavía te pones tímida?

Ella bajó la mirada, intentando defenderse:

—No estoy tímida.

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