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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1134

Pero ahora, mágicamente, había logrado dormir de un tirón hasta casi el mediodía.

Al verla tan pensativa, Tobías sonrió con picardía y le dijo:

—Ayer terminamos pasadas las dos de la mañana. Era obvio que necesitabas dormir un poco más.

Belén solo recordaba vagamente que, al terminar, se había dejado caer sobre su pecho, tan exhausta que no podía ni mover un dedo.

El resto de los detalles eran difusos.

Recordaba que cuando la señora Gabriela se fue aún no era medianoche. ¡Quién iba a imaginar que habían pasado tanto tiempo en la tina!

Aunque parecía irreal, todo era cierto. Y esa abrumadora realidad le dejaba claro que un hombre no era igual a otro.

Al volver a la realidad, intentó levantarse de la cama, pero sus músculos seguían débiles, así que volvió a dejarse caer en el colchón.

Pensar en todas las veces que él la había hecho suya en los últimos días y verlo tan lleno de energía la dejaba sin palabras.

Lo miró con una mezcla de sorpresa y profunda curiosidad.

Él, sin saber exactamente qué pasaba por su mente, simplemente sonrió y le soltó una noticia:

—Mi mamá está abajo.

En ese instante, todos sus pensamientos volaron por la ventana. Con tono de reproche, se dirigió a él:

—¡Tobías! ¿Por qué no me despertaste si tu mamá estaba aquí?

Belén deseaba dejarle una buena impresión a la señora Gabriela.

Ya casi era mediodía y seguía metida en la cama.

¡Cualquier persona mayor la juzgaría por eso y no le gustaría para nada!

Al ver su angustia por agradarle a su madre, Tobías apretó los labios para no reírse y le dijo:

—Ya le expliqué por WhatsApp por qué seguías durmiendo. No tienes de qué preocuparte.

Esas palabras solo aumentaron el terror de Belén:

—¿Y qué le dijiste exactamente? ¡No me digas que le confesaste que nos la pasamos en la cama sin salir, haciendo... eso!

Tobías no aguantó la risa:

—Tranquila, no fui tan explícito.

Ya rendida, ella insistió:

—¿Entonces qué le pusiste?

Él se sentó, apoyándose en el respaldo de la cama. Su pecho firme asomaba bajo las sábanas, y las venas marcadas en sus fuertes brazos irradiaban un poderoso atractivo varonil.

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