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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1136

Sorprendida al escuchar la respuesta de Belén, Gabriela quiso asegurarse:

—¿Eso quiere decir que aceptas que vaya a tu casa a hablar formalmente con tus padres?

Belén la miró a los ojos y asintió:

—Sí.

Gabriela estalló de alegría:

—¡Excelente, excelente! Entonces definitivamente iré. Te prometo que la familia Galindo te va a recibir con todos los honores, tendrás la boda que te mereces.

Al escuchar esas palabras, Belén buscó la mirada de Tobías por instinto, y él justo la estaba observando.

Él la miró y le dedicó una suave sonrisa; en sus ojos llenos de ternura parecía decirle: *"Por fin te animaste a dar el paso".*

A pesar de que Tobías no pronunció ni una sola palabra, una oleada de emoción le hizo un nudo en la garganta a Belén. Para disimular, giró el rostro y volvió su atención a Gabriela.

Gabriela también la miró en ese momento, le tomó las manos y le dijo:

—¡Ven, vamos a sentarnos a la sala, tenemos mucho de qué platicar!

Era imposible negarse ante tanta calidez, así que Belén se dejó guiar hasta sentarse en los sofás.

Apenas se acomodaron, Gabriela lanzó una pregunta con total naturalidad:

—Dime, querida, ¿tú crees que una aportación para la boda de mil millones sería muy poco?

Belén frunció el ceño, completamente en shock:

—¿Qué?

Gabriela se apresuró a añadir:

—Mira, si sientes que es poco, puedo agregarle más. O tú pon la cantidad que desees, y si lo tengo, te lo daré sin dudarlo.

La sonrisa de Belén se congeló en su rostro, y murmuró con dificultad:

—Señora Gabriela, la verdad es que...

Dudaba, sin saber cómo explicar su pasado matrimonio con Fabián, y mucho menos cómo confesarle que los Rojas nunca le dieron ni un centavo de aportación al casarse.

Al verla guardar silencio, Gabriela la miró con atención y total apertura.

Al ver que las dos mujeres estaban sumidas en su charla profunda ignorándolo por completo, Tobías se acercó fingiendo molestia:

—Oye, mamá, ¿crees que podrías dejarnos a solas un momento? Me estás arruinando el romance con mi novia.

Gabriela captó la queja en su tono, lo fulminó con la mirada y se levantó resoplando:

—¡Ay, qué genio! Ya entendí que sobro aquí. Está bien, ya no los molesto, me voy ahora mismo.

Dicho esto, se levantó del sofá.

Belén se apresuró a ponerse de pie también:

—La acompaño a la puerta, señora Gabriela.

Antes de cruzar la salida, Gabriela miró a Belén con picardía, le guiñó un ojo y le susurró a modo de consejo:

—Mi niña, entiendo perfecto que estén en la edad de la pasión y con mucha energía, pero procuren controlarse un poquito, ¿sí?

Con ese comentario, la cara de Belén volvió a encenderse por completo.

Gabriela simplemente soltó una alegre carcajada y, finalmente, salió de la casa.

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