Por un instante creyó que sus ojos la engañaban, pero cuando reconoció claramente al hombre de pie frente al vehículo como Fabián Rojas, sintió una repentina punzada de angustia en el pecho.
Tobías también notó la presencia de Fabián, pero no mostró el más mínimo atisbo de intimidación. En lugar de eso, bajó tranquilamente del auto, rodeó el vehículo y le abrió la puerta a Belén.
Al ver la mano que Tobías le extendía, Belén dudó durante unos largos segundos, pero finalmente estiró la suya y la tomó con firmeza.
Fabián, que estaba de pie junto a su auto, había fijado su atención en ellos desde el momento en que llegaron.
Observó cada movimiento de Tobías: cómo bajó del auto, cómo le abrió la puerta a Belén y cómo la ayudó a salir, tomándola de la mano. No se perdió un solo detalle.
Ver aquella escena hizo que su corazón se retorciera de dolor.
Sin saber muy bien por qué, sus pies se movieron por instinto, llevándolo directamente hacia la entrada de la mansión Soler.
Y así, mientras Tobías y Belén caminaban de la mano hacia la puerta, se toparon de frente con Fabián.
Tobías detuvo sus pasos. Sin prisa ni alteración alguna, levantó la mirada hacia Fabián. Con una sonrisa cargada de burla en los ojos, lo saludó.
—Qué coincidencia, ¿verdad, *ex*?
La provocación fue directa y sin filtros.
Fabián no estalló de ira ante las palabras de Tobías; en cambio, con el rostro helado, le respondió.
—No es ninguna coincidencia. Los estaba esperando.
Tobías soltó una carcajada. Con una expresión de exagerada incredulidad, inquirió.
—Te casas mañana. En lugar de estar ansioso por tu noche de bodas, tienes tiempo de sobra para andar merodeando por aquí. ¿Qué pasa? ¿Acaso no rindes y por eso tienes tanto tiempo libre?
El giro final en sus palabras destilaba un desprecio y una provocación absolutos.
El rostro de Fabián se oscureció aún más. Giró levemente el cuerpo para clavar su mirada en Belén, que estaba detrás de Tobías, y le espetó.
—¿Acaso no le has contado al señor Tobías si rindo o no?
Al escuchar a Fabián, Belén salió de su posición detrás de Tobías. Lo miró con una expresión vacía, carente de alegría o tristeza, y le respondió.
—No tengo por qué darle explicaciones a nadie. Pero creo que tú ya conoces la respuesta a eso.
Esa réplica empeoró aún más el semblante de Fabián. Incapaz de contenerse, elevó la voz en un gruñido amenazante.
—Belén Soler, tengo algo que preguntarte.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....