Leandro se levantó del sofá, miró a Tobías y le dedicó una leve sonrisa.
—Esta también es tu casa. Quedarte a dormir no es ningún problema. De ahora en adelante, si quieres quedarte, hazlo.
Dicho esto, Leandro se dirigió hacia las escaleras.
Tobías, mirando la espalda de Leandro, respondió con gratitud.
—Gracias, Leandro.
No solo Tobías estaba sorprendido; la propia Belén apenas podía creerlo.
Su hermano, siempre tan conservador, ¿acababa de autorizar a Tobías a pasar la noche allí?
Fuera como fuera, Leandro había dado su consentimiento.
Una vez que Leandro y Dolores subieron las escaleras, Belén y Tobías se quedaron solos en la planta baja.
Se miraron el uno al otro y terminaron compartiendo una sonrisa cómplice.
Con el permiso concedido, no había razón para que Tobías rechazara la oferta.
Pero, ¿se quedaría en la habitación de invitados o en la de Belén?
Fue una duda que Tobías meditó seriamente durante unos segundos.
Al final, con total descaro, la siguió hasta su cuarto.
Al notar que Tobías entraba tras ella, Belén le preguntó, un poco desconcertada.
—¿Tú... no vas a la habitación de invitados?
Tobías frunció el ceño a propósito y murmuró.
—Quiero dormir contigo en la misma habitación.
Belén, sabiendo que no podría hacerle cambiar de opinión, suspiró.
—Está bien.
Al ver que cedía, Tobías sonrió ampliamente.
—Me gustaría usar tu baño para darme una ducha.
Aun sabiendo que él seguramente tramaba algo, Belén asintió.
—Sí, claro.
Tobías se tironeó ligeramente de la ropa y preguntó.
—¿Y de casualidad tienes algo que pueda usar de pijama?
Belén puso una expresión de apuro, pero le dijo.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....