Belén por fin abrió los ojos y lo miró fijamente con sus grandes pupilas oscuras.
—Ya me bañé. No hay ninguna necesidad de hacerlo otra vez.
Fabián dejó de acariciar el dorso de su mano y le ordenó con voz grave:
—Ve a ducharte de nuevo.
Había un ligero tono de exigencia en su voz.
Ella no hizo amago de obedecer, sino que le preguntó con una sonrisa burlona:
—¿Tanta prisa tienes por que me bañe? ¿Al final de cuentas sí te doy asco, verdad?
Fabián desvió la mirada, evadiendo la respuesta.
—Ve ya.
Esta vez, el tono dictatorial no dejaba espacio a dudas.
Belén no quiso seguir llevándole la contraria; se sentó en la cama y asintió.
—De acuerdo, iré.
Se destapó, bajó de la cama y comenzó a caminar hacia el baño.
Instintivamente, Fabián levantó la cabeza para mirar su silueta alejándose.
Sentado al borde de la cama, apretó las sábanas con fuerza.
No pasó mucho tiempo antes de que ella saliera de nuevo.
Llevaba puesta una bata de baño que dejaba al descubierto sus tobillos blancos.
Al acercarse, una suave fragancia inundó el aire. Fabián la olió y cerró los ojos de manera inconsciente.
Sin decir una sola palabra, ella volvió a recostarse en la cama.
Estaba tumbada bocarriba, adoptando la actitud de alguien que esperaba su turno.
Exactamente como tantas otras veces a lo largo de esos cinco años, mostrándose siempre sumisa y disponible para él.
Fabián se inclinó lentamente, apoyó las manos a cada lado de su figura y bajó la cabeza hasta que sus labios estuvieron a centímetros de los suyos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....