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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1220

Por su parte, Belén también optó por quedarse callada.

Al ver que ninguna de las dos decía nada, Fabián no hizo el intento de seguir presionando. Simplemente le indicó a Jimena con tono despreocupado:

—Bueno, ve a hacer lo tuyo. Cuando la comida esté lista, dásela a la señora. Yo tengo trabajo que atender.

Jimena asintió de inmediato:

—Entendido.

Dicho esto, tomó los ingredientes que necesitaba y regresó a la cocina.

Belén se quedó de pie en medio de la inmensa sala, sintiéndose completamente fuera de lugar, como si su propio cuerpo le incomodara.

Ni siquiera se molestó en mirar a Fabián; sus ojos estaban fijos en el jardín exterior, sumida en sus propios pensamientos.

Fabián, sin saber si su advertencia había calado hondo o no, le lanzó una mirada fugaz de reojo, se levantó del sofá y le dijo:

—Piénsalo bien. Reflexiona sobre lo que acabo de decirte.

Tras dejar esa frase en el aire, comenzó a subir las escaleras hacia el segundo piso.

Belén no dijo una sola palabra; solo se limitó a observarlo mientras se alejaba.

A Fabián tampoco le interesaba prolongar la charla, así que continuó su camino hacia su despacho sin mirar atrás.

Belén se dejó caer en el sofá, completamente sola, dándole vueltas a las palabras de Fabián.

Sabía exactamente lo que él esperaba de ella: quería a la Belén del pasado, la mujer sumisa que obedecía cada una de sus órdenes sin cuestionar. No quería a esta nueva versión de ella, llena de rebeldía y dispuesta a echarle en cara todos sus defectos.

Pero fingir que el pasado no había ocurrido era una tarea casi imposible.

El problema entre ellos no se limitaba a una simple crisis de pareja. Las heridas eran mucho más profundas.

Aun así, Belén era dolorosamente consciente de que no tenía otra opción más que someterse a la voluntad de Fabián.

Si se atrevía a desafiarlo de nuevo, él no dudaría en usar la vida de Hugo como moneda de cambio para doblegarla.

El problema era que ni siquiera ella misma recordaba cómo era amarlo.

Cuando Jimena le sirvió el almuerzo, Belén seguía con la mirada perdida en el vacío. Después de meditarlo un largo rato, tomó una decisión: iba a complacer a Fabián.

Así que, tras comer un par de bocados rápidos, se dirigió a la cocina.

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