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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1219

La voz de Emilia resonó suavemente en sus oídos. Al escucharla, Tobías abrió los ojos lentamente, la miró y le preguntó:

—¿Y qué es lo mejor?

Hizo una breve pausa antes de responder su propia pregunta:

—Para mí, haberla conocido a ella fue lo mejor.

Sin agregar más, extendió la mano, le arrebató el frasco de alcohol y las curitas que aún sostenía, y le advirtió:

—Gracias. Pero como está claro que todavía sientes algo por mí, no te acerques demasiado. No quiero que ella lo malinterprete.

Dicho esto, Tobías se dio la vuelta y se adentró en la luz del sol.

Llevaba una gabardina negra que ondeaba con sus pasos, y los rayos del sol lo envolvían, creando un halo dorado a su alrededor.

Emilia se quedó de pie en la entrada del hospital, con su impecable bata blanca. La brisa jugó con su cabello, desordenándolo ligeramente, mientras sentía cómo su corazón se agitaba, como si una suave pluma lo hubiera rozado.

En ese preciso instante, toda la admiración y el amor que tanto se había esforzado por reprimir volvieron a salir a flote con más fuerza que nunca.

¿Cómo podría olvidar a un hombre tan excepcional, deslumbrante y lleno de vida como Tobías?

No apartó la mirada hasta que la silueta del hombre desapareció por completo. Solo entonces se dio la media vuelta y caminó de regreso al interior del hospital.

Lo que ninguno de los dos sabía era que, en ese breve momento de cercanía, alguien escondido entre las sombras había aprovechado para fotografiarlos con intenciones oscuras.

...

Vivienda Vista Clara.

Para cuando Fabián estacionó el auto en la entrada de la casa, la hora del almuerzo ya había pasado.

Ambos seguían dentro del vehículo, sumidos en un silencio absoluto. Ninguno daba señales de querer ser el primero en bajar.

Fue Jimena quien, al ver llegar el auto, se acercó, golpeó suavemente la ventanilla y preguntó:

—Señor, Señora, ¿ya regresaron?

Fabián giró la cabeza, bajó el cristal y asintió secamente:

—Sí, prepara algo para almorzar.

Jimena se quedó perpleja por un segundo, pero reaccionó rápidamente:

—Enseguida.

Tras recibir la confirmación de la empleada, Fabián abrió la puerta y salió del auto.

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