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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 150

—Antes, tu abuelo escuchó a tu abuelo materno decir que tu sueño era ser discípula de la mundialmente famosa pianista Ximena. Así que me encargué de mover algunos hilos para ti, si quieres...

—¿Abuelo, esto es lo que la familia Fuentes piensa que es una compensación para mí? ¿No cree que es cruel?

Florencia lo miraba con una mezcla de rabia y tristeza.

—Usted sabe perfectamente que la maestra Ximena es mi ídolo, pero ahora, con toda la fama de “copiona” encima, ¿de verdad quiere que me presente ante ella? Dice que ya me abrió el camino, pero por dentro, ¿cómo cree que me va a ver la gente? ¿Y la maestra Ximena? —preguntó Florencia, la voz temblando.

Siempre se había mostrado dócil y tranquila con su abuelo, pero esta vez, la propuesta de “compensación” fue demasiado. Sentía que hubiera sido mejor no escuchar nada.

Nadie querría ir a conocer a su modelo a seguir justo cuando está en el momento más humillante de su vida.

Por mucho que el abuelo pensara en ayudarla, era claro que nunca se había puesto en su lugar.

La familia solo se preocupaba por las acciones del Grupo Fuentes. Para evitar que se desplomaran, la obligaron a aceptar el plan de Salvador, asumiendo el papel de plagiadora. ¿Y si ahora hacía lo que el abuelo quería y conocía a la maestra Ximena? ¿Qué iba a pasar?

Sería como la esposa rica acusada de plagio, que todavía quiere usar su dinero e influencias para que la acepten como discípula. Eso haría que Florencia ni siquiera pudiera mencionar el nombre de su ídolo con la cabeza en alto.

Era como negar, una vez más, todo el esfuerzo de más de diez años.

—Abuelo, si algún día llego a ser discípula de la maestra, será porque ella reconozca mi talento, porque me lo gané con mi propio esfuerzo. Si de verdad no lo consigo, prefiero quedarme sin esa oportunidad a tener que llegar a ella por otros caminos. No quiero que usted me compense con nada. Después de esto, considere que ya pagué la deuda por haberme sacado de la familia Villar. Desde hoy, no le debo nada a la familia Fuentes.

El abuelo la miró, sorprendido por la firmeza en su voz.

—¿Eso quiere decir que ya no quieres ser la nuera de la familia Fuentes? —preguntó él, con una seriedad que no se le había visto antes, buscando los ojos de Florencia.

Florencia no respondió, pero su silencio lo dijo todo.

El abuelo soltó un largo suspiro.

—Flor, ese muchacho fue un tonto, te falló, y yo ya no tengo cara para pedirte nada más. Así que, pase lo que pase, yo voy a respetar tu decisión. Pero prométeme, aunque ya no seas la nuera de la familia Fuentes, sigue siendo mi nieta. Déjame seguir siendo tu respaldo, ¿sí? Así, cuando me toque partir, podré mirar a tu abuelo materno a los ojos, allá donde esté.

Esta vez, el abuelo no mencionó el acuerdo de matrimonio. Claramente, estaba cediendo.

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