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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 166

Florencia también se lo preguntaba. Ella, que durante años sólo había tenido ojos para Salvador, incapaz de ver ni un solo defecto en él, ¿cómo era posible que ahora se hubiera acostumbrado a imaginar lo peor de él en cada situación?

Ocho años enamorada de Salvador. ¿Cómo podía ser que, después de solo un año de matrimonio, ya hubiese perdido toda esperanza en él?

Florencia guardó silencio por un buen rato. Entonces Salvador volvió a hablar:

—El acuerdo para cortar la relación ya está listo. Lo mandé a preparar y está en la empresa. Si quieres, puedo pedir que te lo traigan ahora mismo.

Hizo una pausa breve y agregó:

—Pero antes de eso, quiero que lo pienses bien. ¿No crees que sería mejor tomar una decisión así después de que termine la terapia de hipnosis de tu mamá?

La dureza que Florencia había sentido en su corazón la noche anterior, luego de hablar con Juliana, se había suavizado un poco tras una noche de insomnio. En su rostro apareció una sombra de duda, y preguntó:

—¿Más o menos cuándo podría hacerse la hipnosis?

El caos en su mente no la dejaba tranquila. Pero Florencia pensó que esta sería la última vez, la última oportunidad que le daba a Juliana.

Solo por el deseo que le dejó su abuelo antes de morir.

Si Juliana seguía igual, sin despertar de ese estado, Florencia estaba decidida a dejar de lado a esa madre. Iba a cortar de raíz su punto débil, y no permitiría que Juliana siguiera siendo la marioneta de los demás para manipularla a ella.

—Tu mamá sigue en el hospital y Facundo la acompaña todos los días. Si quieres, la hipnosis puede hacerse uno de estos días —respondió Salvador.

Parecía concentrado en el camino, su voz sonaba como si no le diera mucha importancia, pero sus ojos, fijos en la carretera, reflejaban una profundidad inusual.

Al final, Salvador había apostado bien: Florencia seguía preocupada por Juliana.

...

Por la tarde, Salvador ayudó a Florencia a agendar una cita con el hipnotista.

Como Salvador tenía asuntos que atender en la empresa, Florencia fue sola.

El hipnotista resultó ser un hombre de poco más de treinta años, con un aire tranquilo y refinado. Llevaba unos lentes con montura dorada, y, desde el primer momento, transmitía mucha confianza.

Florencia le platicó brevemente la situación de Juliana. El hombre, tras escucharla, coincidió en que la dependencia irracional de Juliana hacia una sola persona parecía, en efecto, resultado de una hipnosis.

Según los recuerdos de Florencia, Juliana había mostrado ese comportamiento desde que ella era niña. El especialista le explicó que, a menos que Juliana hubiera pasado por una hipnosis aún más profunda después, su caso debería ser relativamente fácil de revertir.

Las palabras del hipnotista le dieron a Florencia cierta confianza, un pequeño respiro en medio de tanta incertidumbre.

Intercambiaron números, y acordaron que la próxima cita la agendarían por celular. Después, Florencia llamó a Agustín para preguntar cómo iban las cosas con la familia Villar.

Agustín atendió de inmediato:

—Señora, la señora Castillo sigue en el hospital. El señor Villar antes venía seguido, pero hoy no se ha presentado en todo el día. En cambio, el tal Benítez ya fue dado de alta y se regresó.

—¿Y Facundo? Si no va, ¿ella cómo ha estado? —preguntó Florencia.

—La señora Castillo sigue igual que siempre. A la hora de la comida pregunta por el señor Villar, pero el resto del tiempo no tanto. Desde que volvió a la empresa y se hizo cargo de algunos asuntos, se ha pegado menos a él.

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