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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 205

La puerta de la recámara principal se cerró de golpe —¡pum!—.

Salvador se quedó parado abajo, mirando esa puerta por un buen rato. Se le notaba inquieto, así que salió de Jardines de Esmeralda con el ceño fruncido.

Gael seguía ahí afuera, sin intención de irse.

Al ver salir a Salvador, soltó varias groserías:

—Esa Florencia está loca, ¿no? Caray, ¿qué dije de malo? Y apenas le dije una cosa y de inmediato me soltó una cachetada.

—Dicen que es la más elegante de Solara, pero yo digo que de elegante no tiene nada, más bien está desquiciada.

La cara de Salvador ya era todo menos amistosa, y tras escuchar a Gael, su mirada se volvió aún más dura. Le puso la mano en el hombro a su amigo y sentenció:

—Basta. Es mi esposa, y sí, lo que dijiste hoy de verdad se pasó de la raya. Esa cachetada te la ganaste.

—¿Entonces saliste solo para defenderla? ¿Y Martina qué? No se te olvide que Martina sigue en la comisaría —reviró Gael, molesto.

Salvador respondió, seco:

—Martina pagó para que lastimaran a Flor, eso es un hecho. Que esté detenida es lo justo.

Encendió un cigarro, la chispa iluminó su rostro por un segundo, y lanzó su mirada sobre la cara atónita de Gael:

—Solo le prometí a Martina protegerla por un mes. Ese plazo ya terminó. De ahora en adelante, lo que le pase ya no es asunto mío.

—¿A qué te refieres? —soltó Gael, entre sorprendido y confundido.

Salvador se encogió de hombros, se recargó en su carro y contestó con indiferencia:

—Al pie de la letra. Desde hoy, quiero arreglar las cosas con Flor y vivir en paz. Lo de Martina ya no me incumbe.

La incredulidad se marcó aún más en la cara de Gael. Lo miró de arriba abajo, incapaz de creer lo que escuchaba.

Pero Salvador ya tenía la mirada perdida en el segundo piso de Jardines de Esmeralda, justo en la ventana donde apenas se asomaba la luz de una lámpara:

—Todo lo que le di a Martina estos años ya es suficiente para pagar cualquier deuda. Incluso por ella dejé tirada a Flor más de una vez. Ella ya debería estar conforme.

Florencia últimamente estaba haciendo mucho escándalo.

Noah, el abuelo, todos le decían que tenía que decidirse entre Flor y Martina.

Quizá sí era hora de ser claro con Flor. Al fin y al cabo, ella era la persona que él mismo eligió, la señora Fuentes de manera oficial. Cuando se casó con ella, Salvador siempre tuvo la intención de tratarla bien.

Solo que, por un montón de problemas, entre ellos se fue formando una grieta. Pero aún no era tarde. Si de verdad cortaba toda relación con Martina, Flor acabaría entendiéndolo.

—Ya es tarde, mejor vete a descansar —dijo Salvador, cuando el cigarro se consumía entre sus dedos.

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