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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 44

Después de que Florencia se fue, Gilda y Thiago también abandonaron el lugar.

Martina observó el perfil de Salvador, sintiéndose algo agraviada.

—Señor Fuentes, yo traté de convencer a mi hermana, pero usted ya sabe cómo es, desde niña le encanta llamar la atención. Ella insistió en elegir ese vestido, y por más que intenté disuadirla, no me hizo caso.

Bajó la mirada y se detuvo en la ropa que traía puesta.

—En cuanto a esto… lo siento, señor Fuentes, fue un accidente. El vestido que yo iba a usar también era azul, pero hoy, con las prisas, me equivoqué y me puse el que no era. Ahora mismo voy y me cambio.

—Es solo un vestido, no tienes que complicarte tanto —le respondió Salvador, restándole importancia.

Martina asintió, se disculpó de nuevo y, aunque apartó la mirada, sus ojos brillaban con una satisfacción apenas disimulada, como si disfrutara el momento.

Alguien reconoció a Salvador y se acercó con su copa para saludarlo. Martina, sin perder la oportunidad, le tomó del brazo con naturalidad, justo como solía hacerlo antes.

...

Florencia salió del baño justo a tiempo para ver esa escena.

Ambos, vestidos con conjuntos similares y una cercanía evidente, parecían recalcar la intimidad de su relación. A su lado, ella, la señora Fuentes, no era más que una extraña.

Florencia notó cómo Martina se movía con soltura entre los conocidos de Salvador, saludando con familiaridad. Todos la trataban con cortesía, como si dieran por sentado que era ella quien debía estar al lado de Salvador.

Eso le revolvió el ánimo. Cuando estaba por retirarse, alguien se plantó frente a ella: Facundo.

Esta vez no venía acompañado de Sara, estaba solo. O quizás, simplemente no se atrevía a traer a Sara a eventos como este. Aunque ahora dirigía la empresa de la familia Castillo, muchos en ese círculo recordaban bien que era solo el yerno de la familia.

Aunque su abuelo ya no estaba, entre los presentes seguían varios de sus viejos amigos.

Facundo había llegado tan lejos gracias a Juliana. Podía justificar la enfermedad de Juliana para enviarla a un hospital, pero no podía humillarla llevándose a su amante a un evento público.

—¿Tú qué haces aquí sola? ¿Por qué no estás con el señor Fuentes? ¿Discutiste con él? ¿No te dije que lo consintieras más, que consiguieras de una vez las acciones? Florencia, ¿otra vez quieres hacerme la vida imposible? ¿O quieres que tu madre te dé otra lección? —le lanzó Facundo con tono áspero.

Florencia ya estaba fastidiada y al ver la cara interesada de su padre, su molestia aumentó.

—¿Estás ciego o qué? Tu hijita anda ahí, vestida igualito que mi esposo y agarrada de su brazo. Mejor ve y dile algo a ella. Si tanto te molesta lo que hago, ¿por qué no controlas a tu favorita? Si ella no se hubiera metido entre nosotros, ese niño ya habría nacido desde la boda del año pasado.

El alboroto llamó la atención de todos. Salvador se acercó de inmediato.

A Facundo no le importaron las miradas ajenas, incluso alzó la voz.

—¿Todavía tienes cara para preguntar? ¿Quién te dijo que podías usar el vestido de tu hermana? ¿Crees que ese lugar al lado del señor Fuentes es para ti? ¡Quítatelo de inmediato! Devuélvele el vestido a Flor y vete a la casa. No vuelvas a hacerme pasar vergüenza aquí.

Con esas palabras, Facundo no solo humilló a Martina, sino que dejó claro ante todos que Florencia era la verdadera esposa de Salvador.

Florencia tardó un instante en entender su jugada: le estaba haciendo un favor a su abuelo y a la familia Fuentes, montando una escena para los viejos amigos de la familia.

Después de todo, Facundo siempre había sabido fingir. Si ella no hubiera pedido ayuda en su momento, ni Joel habría dudado que, tras la muerte de su abuelo, Facundo seguía cuidando de ella y de Juliana.

—Papá, ya basta. Yo soy la secretaria personal del señor Fuentes, yo... —intentó explicar Martina, pero Facundo, con el ceño fruncido, volvió a levantar la mano.

Esta vez, alguien le detuvo el brazo. Salvador se interpuso entre Martina y Facundo.

—¿Acaso mi suegro piensa que puede golpear a mi secretaria en público? ¿O tiene algún problema con la familia Fuentes? —soltó Salvador, su voz tan cortante que el ambiente se tensó aún más.

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