Entrar Via

Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 449

Al ver que los dos estaban a punto de volver a pelear, Lilia, con mucha astucia, intervino:

—¿Qué tal si yo me siento adelante?

—Está bien.

—¡Ni pensarlo! ¿De verdad crees que te vas a sentar con Florencia? Olvídalo.

Ambos respondieron casi al mismo tiempo, rechazando la propuesta de Lilia.

Y así, enseguida comenzaron a discutir de nuevo. Lilia ya no pudo decir nada más, solo alcanzó a murmurarle a Florencia en voz baja:

—Hermana, traes un incendio enorme en el patio de tu casa, ¿eh?

Salvador y Ciro simplemente no lograban ponerse de acuerdo. No importaba quién terminara en el asiento del copiloto, siempre habría uno inconforme.

Florencia los vio discutir como si fueran dos niños peleando por el último dulce. No pudo evitar suspirar y soltar:

—Si quieren seguir peleando, háganlo, nosotras nos vamos a pedir un taxi.

—¡No! —exclamaron al unísono los dos, esta vez completamente de acuerdo.

Florencia ya estaba harta:

—¿Entonces qué quieren? Mejor váyanse los dos de regreso a su país.

—¡No! —repitieron al mismo tiempo, tan coordinados que hasta daba risa.

En ese instante, Salvador y Ciro se miraron de reojo, como si se retaran silenciosamente.

Ciro, sin poder ocultar su molestia, resopló con fuerza y, de un portazo, se subió al asiento del conductor, aceptando de mala gana que Salvador se sentara a su lado.

Por fin, Florencia y Lilia pudieron subir al carro.

Durante el trayecto, Ciro parecía estar en modo de competencia, desquitando su frustración en el acelerador y tocando el claxon como si el mundo entero le estorbara. Desde que había llegado a buscar a Florencia, no había vuelto a manejar un carro de carreras, pero ese día, su manejo del carro familiar parecía más bien una persecución de película.

Salvador, sentado a su lado, no tardó en soltarle:

—Ciro, con ese carácter, ¿todavía piensas en conquistar a una mujer?

—Te gusta alguien y aquí vas, manejando como loco. ¿De verdad te importa Florencia?

—Ese berrinche de niño, hazlo cuando estés solo, no molestes a los demás. Mejor aléjate de Flor, ¿sí?

Estos dos, desde que se habían encontrado, no paraban de chocar como gallos de pelea. El ruido y la tensión le provocaban dolor de cabeza a Florencia.

—Ustedes dos vinieron a verme, ¿no? Pues ya me vieron, pueden irse cuando quieran —soltó Florencia, cansada.

—Eso no se puede, Florencia —reviró Ciro—. No olvides que mi abuelo me dejó a tu cargo. No puedes zafarte de mí.

—Tu abuelo tampoco se quedó tranquilo, así que me pidió que me quedara contigo —agregó Salvador, dirigiéndose solo a Florencia—. Flor, déjame quedarme y cuidarte. Seguro ni te acostumbras a la comida de aquí, yo puedo cocinarte. Soy mucho más útil que este chamaco que solo sabe pelear.

Salvador aprovechó para presumirse y ganarse puntos frente a Florencia.

Ciro abrió los ojos como platos, indignado. Ese tal Fuentes no tenía vergüenza y solo recurría a trucos baratos para sobresalir.

¿Acaso solo porque él no sabía cocinar iban a menospreciarlo? Pues en cuanto pudiera, llamaría a la empleada de su casa y aprendería ahí mismo, pero no iba a dejar que Salvador lo humillara ni se ganara la confianza de Florencia.

Para él, Florencia era demasiado ingenua y buena; por eso se había dejado engañar antes. Pero ahora que él estaba allí, jamás permitiría que volviera a caer.

—No me importa lo que digan. Ustedes dos ya están afectando mi vida. Tengo cosas que hacer y no pienso seguir aguantando sus discusiones, así que...

—Yo no pienso pelear con él —interrumpió Salvador—. Tranquila, Flor, no voy a rebajarme al nivel de un niño.

—¿Por qué no te callas mejor? —le soltó Ciro, sin dejarse—. Flor, yo estoy aquí para protegerte. No me eches, si quieres hago lo que tú digas, ¿va?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano