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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 250

El tono con el que Salvador pronunció la palabra “esposa” sonó tan denso, tan cargado de posesividad, que sus ojos no se apartaron ni un segundo de la espalda de Florencia.

—Ya estamos divorciados. Cuida tus palabras al dirigirte a mí. Además, lo que pase entre Tristán y yo no tiene nada que ver contigo, así que deja de querer meterte en todo —respondió Florencia, sintiendo cómo, al escuchar que Salvador había buscado a Tristán, los recuerdos amargos de aquellos días en Solara regresaban de golpe.

Salvador era así, siempre aparecía cuando menos lo esperabas, entrometiéndose en su vida sin avisar.

Lo peor era que, aunque ella y Thiago no eran más que amigos, Salvador siempre encontraba la forma de distorsionar todo, de ensuciar cualquier amistad hasta volverla turbia y vergonzosa.

Cuando estaban casados, podía entender que Salvador perdiera el control, pero ahora que ya estaban divorciados, no pensaba permitir que esa absurda y oscura necesidad de control siguiera afectando a quienes la rodeaban.

—No hay problema. Si el señor Fuentes quiere invitar, no seré yo quien rechace la cortesía. Justo esta noche no tengo planes, así que acepto —dijo Tristán, con una entonación ambigua, sin darle importancia a la actitud rara de Salvador.

—Pero... —Florencia dudó, recordando las cosas que Salvador había hecho antes, sintiendo una incomodidad que le calaba hondo.

—Entonces, nos vemos en la noche —interrumpió Salvador, sin dejarle oportunidad de replicar.

Se marchó con una seguridad tan aplastante que Florencia supo de inmediato que él daba por hecho que ella iría.

Y tenía razón.

No podía quedarse tranquila, temiendo las cosas que Salvador podría decirle a Tristán.

Tristán notó su incomodidad y le dijo:

—Cuando llegaste a Alicante, Salvador me llamó y me pidió que te cuidara. Yo me negué. Le dije que solo una persona con un sentido torcido de la vida se atrevería a husmear en la vida de los demás. Seguro ahora quiere preguntarme por eso. Déjame resolverlo a mí.

Florencia lo miró asombrada, sin poder creer que Salvador hubiera contactado a Tristán a sus espaldas.

Ella pensaba que, con el divorcio y su partida de Solara, por fin se había liberado de Salvador.

Pero él seguía ahí, moviendo los hilos desde las sombras, tratando de vigilarla sin que ella lo supiera.

—Perdón, Tristán, de verdad no quería meterte en esto —susurró Florencia.

Tristán negó con la cabeza.

—No es nada, Flor. No te mortifiques. Además, mi tío te aprecia mucho y tú me has ayudado bastante. Lo menos que puedo hacer es sacarte de este lío.

...

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