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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 46

Comparada con la vulnerable y desprotegida Martina, Florencia parecía demasiado arrolladora. Tenía el filo de una navaja recién afilada: recta, implacable, capaz de herir con apenas rozar. Frente a alguien así, Martina, que sólo sabía llorar, resultaba aún más indefensa.

Salvador intervino con voz tensa:

—Martina no hizo nada malo, la que se pasó fuiste tú. Deberías disculparte con ella.

—Está bien —respondió Florencia con una sonrisa que a Salvador le pareció sospechosa. ¿Por qué aceptaba tan fácil?

En el instante siguiente, vio cómo Florencia giraba la muñeca y lanzaba el vino tinto de su copa directo hacia su cara.

La voz de Florencia, rebosante de burla, retumbó a su lado:

—Antes de que me pidas disculpas, mejor que el señor Fuentes se lave la cabeza.

El vino, sin embargo, no alcanzó a Salvador.

Martina, que había asomado la cabeza, se interpuso en el camino y recibió el líquido sobre sí. El vino empapó su cabello y rodó en pequeñas gotas por su rostro, arruinando su peinado y maquillaje. Se veía aún más vulnerable, como una flor marchita bajo la tormenta.

—¡Florencia! —estalló Salvador, perdiendo la paciencia, pero Martina le jaló la manga suavemente.

—Déjalo así, señor Fuentes. Mi hermana siempre ha sido así, ya estoy acostumbrada. No importa si me humilla un poco, sólo no discuta con ella por mi culpa.

El aire acondicionado soplaba frío y Martina se estremeció. Salvador miró a Florencia con desdén, se quitó el saco y lo puso sobre los hombros de Martina.

—Ven, te ayudo a limpiarte.

Salieron juntos del salón, dejando a Florencia plantada.

Florencia los vio alejarse, la imagen de Salvador con la mano sobre el hombro de Martina y ésta recargándose en él, perfectamente sincronizados con esos elegantes trajes que parecían de pareja. A ella, la señora Fuentes, la hacían ver como la villana de la historia.

Empezó a escuchar cómo la gente alrededor cuchicheaba sobre el espectáculo.

[¿Será que Salvador y Martina ya andan?]

[Nadie le hace caso a la señora Fuentes.]

El salón seguía repleto de conversaciones y risas, gente perfectamente vestida, copas tintineando. De vez en cuando, miradas curiosas o burlonas se posaban sobre Florencia.

Sintió que le faltaba el aire y decidió salir a tomar un respiro.

Facundo apareció a su lado, siguiéndola como sombra.

Facundo se marchó y Florencia por fin pudo soltar el aire.

De pronto, unos pasos pesados resonaron detrás de ella.

Florencia se giró y sintió cómo la incomodidad trepaba por su cara.

...

Mientras tanto, en el cuarto de descanso del piso de arriba, Salvador miraba por la ventana con el ceño fruncido. Desde ahí, alcanzaba a ver a su esposa bajo los árboles del jardín, brillante y orgullosa como una flor en pleno esplendor. Hablaba y reía con otro hombre. Hacía mucho que él no la veía sonreírle así.

Martina entró justo en ese momento y vio la misma escena. Suspiró.

—Mi hermana siempre ha sido así desde niña. Es guapa y donde sea que vaya, todos los hombres se le quedan viendo. Nunca pensé que, incluso ya casada, seguiría atrayendo tanta atención. Pero bueno, cuando todos querían casarse con ella, escogió casarse contigo, eso demuestra que en su corazón sí te quiere.

Salvador tensó aún más el gesto. Martina siguió hablando, con voz suave y culpable:

—Todo es por mi culpa. Si yo no la hubiera puesto de mal humor, ella no te haría berrinche, ni estaría con otros...

No terminó de decirlo cuando Salvador abrió la puerta de golpe y salió del cuarto.

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