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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 63

Salvador desvió la mirada, incómodo.

No respondió la pregunta de Florencia. Pasó un rato antes de que murmurara, con pocas ganas:

—Mejor duerme ya.

Si él no quería hablar, Florencia tampoco tenía ánimo para insistir.

Después de tanto tiempo, volvieron a compartir la misma cama.

El hombre a su lado ya se había arreglado, siempre tan limpio y bien presentado, pero Florencia sentía que el aire seguía impregnado de un aroma a flores que le resultaba insoportable. Tomó dos almohadas y se las puso en medio, creando una barrera entre ella y Salvador.

Solo así pudo aliviar un poco esa incomodidad que le daba vueltas por dentro.

Salvador observó todos sus movimientos sin decir nada.

Cuando ella ya estaba otra vez acostada, de repente él estiró el brazo y la jaló con fuerza, atravesando el obstáculo de las almohadas, pegándola directo a su pecho.

—Suéltame —le soltó Florencia, incómoda.

Era una noche calurosa de verano, y aunque el aire del clima refrescaba la casa, el cuerpo de Salvador parecía un horno. Florencia sentía el corazón apretado, como si una tormenta de emociones la zarandeara.

Quería zafarse a como diera lugar de ese abrazo sofocante.

Salvador ajustó un poco la postura, bajando con firmeza la mano con la que Florencia intentaba apartarlo.

La abrazó todavía más fuerte, hundiendo el rostro en el hueco de su cuello. Su voz, ronca y apagada, sonó casi como un susurro:

—No te muevas, Florencia. Solo quédate así.

—¿Y ahora, qué te pasa? —Florencia no pudo evitar la molestia en su voz.

Salvador contestó:

—Hace mucho que no estamos juntos. Tú...

—Estás delirando —lo interrumpió ella, forcejeando con más fuerza.

Apenas unos minutos antes estaban discutiendo como nunca y ahora él pretendía esto solo porque compartían cama. Florencia pensó que, al final, los hombres siempre ponían el cuerpo por encima de los sentimientos.

Como si no les costara nada acostarse con cualquier mujer, aunque no les importara en lo más mínimo.

Cuanto más se lo repetía, más fuerte sentía ese malestar en el pecho.

Salvador, detrás de ella, la envolvía con ese calor pegajoso, tan sofocante que le daban ganas de vomitar.

Se soltó de golpe y, tapándose la boca, salió corriendo al baño.

La luz de la lámpara junto a la cama se encendió, bañando la habitación en un tono dorado y cálido.

Salvador miró la silueta tambaleante de Florencia mientras se alejaba, y sus ojos se oscurecieron aún más.

Sin saber bien por qué, le vino a la mente lo que le había dicho Martina ese día:

[¿Tanto tiempo de casados y todavía no quieres dormir con él, Florencia?]

Florencia nunca había sido apasionada en la intimidad.

Aún recordaba lo incómoda que había sido su primera vez juntos.

En aquel entonces...

Él pensó que Florencia solo estaba nerviosa, pero ahora entendía que, en realidad, simplemente lo rechazaba.

Tras quedarse un momento en silencio, Salvador terminó por ir al baño también.

Florencia seguía allí, inclinada sobre el lavabo, con arcadas, aunque no lograba vomitar nada.

Quizá era cosa de los nervios, pero últimamente los síntomas del embarazo le estaban pegando cada vez más fuerte.

Cuando Salvador entró, ella estaba lavándose la cara.

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