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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 70

Cuando salieron de Villa Los Álamos, Ciro, casi sin pensar, preguntó:

—¿Ella está bien?

Del otro lado de la línea, tras un largo silencio, la voz de una mujer tembló suavemente:

—Gracias.

Era Florencia.

Ciro sintió cómo una incomodidad le subía por la oreja pegada al teléfono, como si le ardiera.

...

Salvador seguía en Villa Los Álamos, sin moverse.

Las palabras de Ciro resonaban en su cabeza, pero la imagen que no podía quitarse de la mente era la de Florencia, sujetando un cuchillo, completamente fuera de sí.

Su esposa siempre había sido elegante, distinguida. Incluso cuando decía cosas hirientes, su actitud seguía siendo la de una princesa orgullosa y hermosa.

Nunca antes la había visto perder tanto el control, olvidando por completo su imagen.

Sabía, sin dudar, que esta vez él sí había lastimado a Flor.

Quería pedirle perdón, pero ya no lograba encontrarla.

—Señor Fuentes, ya buscamos en todos los lugares a los que podría ir la señora, también mandamos a preguntar con la familia Villar, pero tampoco ha vuelto con ellos —Noah se acercó y, con un dejo de impotencia, le informó.

Salvador encendió otro cigarro, dejando que el aroma a nicotina llenara el aire.

—Sigan buscando. Revisen con sus amigas, no hay muchos lugares a los que podría ir, además...

De pronto, Salvador ya no pudo seguir hablando.

Recordó que Florencia había desaparecido mientras iban camino al aeropuerto.

Su equipaje seguía en el carro, su bolso estaba tirado a un lado, no llevaba ni un peso encima. Y aun así, se había esfumado.

—Señor, quizá la señora solo necesitaba despejarse. Tal vez mañana regrese. ¿Por qué se preocupa tanto? Martina acaba de llamar, dijo que...

—¿Tú también piensas que Martina es más importante que Flor? —de pronto, Salvador lo interrumpió.

—Yo... —Noah quería decir que, en efecto, siempre había sido así. Desde que entró al Grupo Fuentes, eso era lo que veía.

Pero al cruzar la mirada con Salvador y notar su expresión dura y sombría, prefirió quedarse callado.

Salvador negó con la cabeza, su voz sonó apagada, casi como si hablara consigo mismo:

—No es así. Flor es la señora Fuentes, ella debería ser la persona más importante.

Noah permaneció de pie a un lado, sintiendo que el Salvador de hoy era diferente.

Era la primera vez que escuchaba salir esas palabras de la boca de Salvador. La primera vez que lo veía preocuparse de verdad por su esposa.

—Sigue buscando. Tienen que encontrar a Flor —ordenó Salvador con firmeza.

Miraba el jardín destrozado, las enredaderas de rosas hechas trizas, las sillas y mesas tiradas. Sentía que le debía una disculpa a Flor. Y debía dársela justo ahí.

—¿Y Martina...? —Noah dudó.

—Noah, escúchame bien. Ella solo es la secretaria. Flor es mi esposa —dijo Salvador, sin titubeos.

Esta vez Noah comprendió el mensaje. Salvador finalmente reconocía la posición de su esposa.

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