—Ciro, a ver, dime la verdad. ¿Quién es tu novia en realidad?
Este no era un tema nuevo; Salvador ya le había preguntado antes, pero ahora su ánimo era completamente distinto. Lo miraba fijo, con una mirada tan penetrante que parecía que quería despedazarlo con la pura fuerza de sus ojos.
Ciro seguía con cara de no entender nada.
—¿Y tú por qué andas tan al pendiente de mi novia? —aventó, frunciendo el entrecejo—. ¿O qué, Salvador? ¿No me digas que crees que mi novia es Florencia?
Eso era justo lo que Salvador sospechaba. Pero escuchar esas palabras tan directas, saliendo de la boca de Ciro, le apretó el pecho de golpe.
Ciro le sostuvo la mirada, y de repente soltó una risa burlona.
—No inventes, ¿de verdad te pones así nomás porque sí? Mira, sí, ayer la llevé a su casa. La encontré parada en medio de la calle, como si hubiera perdido el rumbo. ¿Qué querías que hiciera, dejarla ahí tirada?
—¿Quién te pidió que te metieras? Mi carro...
—¿Qué, vas a decir que tu carro estaba enfrente? Si no lo hubiera visto, ni me hubiera detenido, ¿eh? Pero Florencia salió toda ida y corriendo, y seguro fue porque adentro tú y Martina estaban haciendo de las suyas. Yo nomás te eché la mano, te resolví el show, y ahora tú vienes a buscarme bronca. Salvador, así no se trata a un amigo —reviró Ciro, pasándole la papa caliente.
Sus palabras sonaban tan bien organizadas que cualquiera que escuchara lo que decía pensaría que tenía toda la razón. Hasta parecía que solo quería hacerle un favor a su “hermano”.
Pero Salvador, al ver su cara medio canalla, sentía que algo no cuadraba. Por más que lo intentaba, no podía dejar de sospechar.
Ciro, por su parte, ya no tenía ganas de seguir discutiendo.
Se estiró con flojera y dijo:
—Ya te descargaste, ya te respondí. No vas a seguir desconfiando de mí, ¿o sí? Por Florencia andas todo paranoico, ¿apoco ya te enamoraste de ella?
Esta vez, Salvador no respondió. Se quedó callado, perdido en sus propios pensamientos.
¿Amaba a Florencia? En el fondo, siempre lo había sabido, pero...
Molesto, Salvador no dijo nada más. Solo se subió a su carro y se fue directo al bar, dejando a Ciro parado ahí.
Ciro exhaló largo y tendido, como quitándose un peso de encima.
Pensó que de plano andaba mal de la cabeza por seguir metiéndose entre esos dos, como si fuera su asunto.
Al final, después de pensarlo mucho, decidió mandarle un mensaje a Florencia para contarle que Salvador lo había ido a buscar.
...

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