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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 94

Antes, Florencia aceptaba acompañar a Facundo en la farsa de padre amoroso e hija ejemplar solamente porque le importaba demasiado lo que Salvador pudiera pensar de ella.

Cuando su abuelo aún estaba bien, siempre había sido la consentida de la familia Castillo, la mimada, la que todos admiraban. En ese círculo social, todos sabían lo brillante y deslumbrante que era.

El año en que se enamoró de Salvador fue el más oscuro de su vida. Temía que él la despreciara por su situación, así que se prestaba al juego de Facundo, fingiendo en público ser la hija privilegiada que todos creían. Incluso llegó al extremo de pedirle a su abuelo que le ayudara a ocultar la verdad a Salvador, todo por mantener las apariencias.

Al recordar todo eso, Florencia no pudo evitar reírse de sí misma.

Resulta que, cuando te gusta alguien, hasta tu orgullo se vuelve más grande de lo que imaginabas.

Por suerte, ahora ya había salido de ese remolino de emociones. Ya no le importaba lo que Salvador pensara.

...

Facundo, sorprendido por la franqueza de Florencia, la miró con el ceño apretado. Después, lanzó una mirada cargada de advertencia hacia Salvador, intentando que Florencia se calmara.

Pero Florencia, lejos de ceder, soltó una carcajada sarcástica.

—Deja de hacer esas caras, sé perfectamente lo que hago. Aprovechando que Salvador no sabe lo de mi mamá, desde que me casé le he estado sacando dinero cada mes. Facundo, tú que se supone eres un adulto, ¿no se te cae la cara de vergüenza?

Las palabras de Florencia hicieron que la cara de Facundo ardiera de rabia.

No entendía qué le pasaba a Florencia, por qué de repente se descontrolaba así, sin importarle nada.

Salvador seguía allí, y a diferencia de Florencia, él no podía desentenderse de todo.

Facundo forzó una sonrisa, aunque la comisura de sus labios temblaba por la tensión.

—Señor Fuentes, perdón por el espectáculo, no sé qué le pasa hoy a Flor. Desde niña nunca me ha hecho mucho caso. Justo hoy que está su mamá aquí, mejor voy a pedirle que salga y le hable.

Al escuchar a Facundo mencionar de nuevo a Juliana, la mirada de Florencia se levantó hacia la pantalla grande que tenía enfrente. Hasta sus labios palidecieron.

Otra vez lo mismo. Todos sabían perfectamente cuál era su punto débil.

Florencia miró a Facundo, y el desprecio en sus ojos era inconfundible.

—Facundo, das asco. Usas a mi mamá para robar dinero, y ahora la vuelves a usar en mi contra. Aparte de manipularla, ¿sabes hacer otra cosa?

Facundo suspiró, fingiendo paciencia.

—Eres una chiquilla caprichosa, pero ya no voy a discutir contigo. Que salga la señora, por favor.

Florencia empezó a temblar. Alzó la cabeza, casi en automático, para mirar la pantalla otra vez; su expresión era tan rígida que parecía una estatua.

En ese momento, una mano cálida agarró la suya. Salvador, con evidente preocupación, le habló en voz baja.

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