Gisela apareció vestida con un elegante vestido largo verde adornado con flecos. El escote en V, perfectamente diseñado, dejaba ver sus delicadas clavículas y la curva de sus hombros. Las tiras del vestido se entrelazaban sobre sus hombros, y los flecos caían como una cascada hasta el suelo. Una cinta dorada ceñía su cintura, resaltando su silueta estilizada. Bajo la luz, su piel parecía emitir un brillo suave que atraía las miradas de todos los que estaban presentes.
La espalda de Gisela quedaba casi completamente descubierta, mostrando su figura esbelta y bien definida. Su largo cabello negro caía como una cortina sobre la espalda, dejando entrever de vez en cuando la forma de sus omóplatos. Llevaba un maquillaje impecable y sus ojos, grandes y almendrados, observaban con tranquilidad a todos los presentes. Decir que tenía una sonrisa luminosa o dientes perfectos ya era quedarse corto.
Gisela llegó relativamente tarde. Cuando entró, la mayoría de los participantes de la final ya se encontraban en la sala de espera.
El ambiente estaba lleno de hombres y mujeres vestidos con atuendos lujosos, pero en cuanto Gisela cruzó la puerta, todas las miradas se centraron en ella. Su presencia era imposible de ignorar, tan deslumbrante que nadie pudo evitar mirarla.
A pesar del asombro general, algunos murmuraban por lo bajo: ¿Será que hoy salió el sol por el oeste? ¿Por qué no trae puestos sus clásicos pantalones de mezclilla?
La Sinfonía del Mar había llegado al momento decisivo. Todos los concursantes sentían la presión, cada uno con sus propios cálculos y expectativas. No importaba quién fuera el rival ni su nivel, todos tenían la mirada puesta en el primer lugar.
Que Gisela apareciera con ese atuendo dejaba muy claro que venía decidida a ganar.
Además, su actuación en la semifinal había sido tan impactante que para muchos era la rival más difícil de vencer.
Sin embargo, Gisela no pensaba en ello. Se había vestido así porque quería que su presencia estuviera a la altura de "Anhelo", la pieza de Paloma. No quería que la obra se viera deslucida por culpa de su vestimenta.
Por eso rentó el vestido por internet, gastando dos mil quinientos pesos por un solo día. Apenas se lo entregaron la noche anterior.
Eso era lo mejor que podía ofrecerle a Paloma.
Romina, sentada en la esquina de la primera fila de la sala de espera, se percató de inmediato del atuendo de Gisela y su expresión se endureció.
Ella también vestía un vestido verde, aunque de un diseño diferente.
No era exactamente el mismo modelo, pero para alguien tan orgullosa y acostumbrada a mirar por encima del hombro a Gisela, eso ya le resultaba molesto.
Sobre todo después de que, apenas dos noches antes, Gisela le hubiera exigido cincuenta millones de pesos.
A Romina cada vez le caía peor verla.
Sin embargo...
Romina apartó la mirada y levantó la barbilla con altivez.

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