La voz de Nelson se volvió más grave.
—Gisela.
—¿Qué están haciendo?
En medio del caos, la voz de Xavier se escuchó a lo lejos, acercándose a toda prisa con pasos firmes y llenos de enojo.
—¡Nelson, suéltala ahora!
Gisela alzó la mirada y se encontró con el rostro de Xavier, tan oscuro y sombrío que nunca antes lo había visto así. Solo de verlo, sintió un escalofrío recorrerle el corazón.
De pronto, Xavier levantó el puño con el ceño fruncido y una expresión dura en el rostro, y lanzó un golpe directo a la cara de Nelson.
Nelson apenas reaccionó, soltando la muñeca de Gisela justo a tiempo para esquivar el golpe.
El puño de Xavier no dio en el blanco, pero aprovechó el movimiento para rodear con firmeza el hombro de Gisela y acercarla a él.
—Gisela, ¿estás bien?
Sentía la mano de Xavier sujetándole el hombro. Gisela ya traía la cabeza hecha un lío tras la discusión con Nelson, y ahora que lo veía llegar, el alivio la invadió y terminó por marearse aún más.
Bajó la cabeza, respirando entrecortado.
—Llévame al hospital, por favor.
La voz de Xavier se tensó de inmediato.
—¿Qué te pasa?
Sin poder mantenerse en pie, Gisela tambaleó un par de pasos.
—Me pusieron algo en la bebida... Me siento horrible, llévame al hospital, por favor.
El gesto de Xavier se endureció aún más mientras miraba con desconfianza a los presentes.
—¿Quién te hizo esto?
Sus ojos pasaron fugazmente sobre Romina, quien sintió que la garganta se le cerraba, quedándose tiesa en el lugar por la presión de la mirada de Xavier.
Gisela apenas pudo alzar la mano, apoyándose en el brazo de Xavier.
—No importa ahora, primero llévame al hospital.
La mirada de Xavier se detuvo un segundo sobre Ofelia, pero la voz débil de Gisela lo sacó de ese trance.
—Está bien, te llevo.
Sin decir nada más, Xavier se agachó y cargó a Gisela en sus brazos, sosteniéndola con firmeza.
Nelson observaba la escena con una sombra en la mirada.
De pronto, Ofelia, con los ojos desorbitados, corrió a detenerlos.
—Quítate.
Ofelia se estremeció, la voz hecha un hilo.
—¿Me vas a tratar así por culpa de esa mujer, Xavier? ¿Por ella te pones así conmigo?
Gritó desesperada.
—¡Si el señor Tapia se entera que me tratas así, no te lo va a perdonar!
Xavier le dirigió una mirada impasible, avanzando con la fuerza de quien no piensa ceder, Gisela bien sujeta entre sus brazos.
El pasillo era estrecho. Ofelia bloqueaba el paso, haciendo imposible que Xavier avanzara con Gisela.
Pero Xavier no retrocedía. Ofelia, sintiéndose acorralada, retrocedía paso a paso, los ojos redondos llenos de lágrimas contenidas.
—Xavier... Si el señor Tapia descubre que tu novia es ese tipo de mujer, ¡nunca la dejará entrar a la casa!
—Ja.
Xavier soltó una carcajada desdeñosa.
—Eso no es asunto tuyo.
—Lárgate.

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