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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 617

...

Del otro lado.

El asistente levantó la vista hacia Nelson y luego echó un vistazo al celular que él tenía en la mano.

Del altavoz del celular de Nelson salía el audio de un video corto, era uno de esos que hablaban de los rumores que circulaban últimamente sobre Hernán.

El asistente también había visto varios videos sobre Hernán; el tema estaba tan caliente que no pudo evitar pensar que Hernán había metido las manos donde no debía.

El video ya llevaba varias vueltas repitiéndose. El asistente, incapaz de contenerse, preguntó:

—Señor Nelson, ¿hay algo que necesite que haga?

Nelson levantó la mirada apenas, cerrando el celular.

—Con tanto escándalo, ¿no ha habido ningún movimiento en la oficina de auditoría?

El asistente negó con la cabeza.

—Ninguno. Arturo dio la orden y todos allá están paralizados, no se atreven a mover nada. Me imagino que esperan que el asunto se apague y luego sacarán un comunicado que no diga nada importante.

—Entiendo —asintió Nelson.

—Quiero que le pidas una cita al director Espinoza. Que sea hoy a las seis de la tarde.

—¿Director Espinoza? —El asistente dudó—. Pero, ¿y Arturo...?

La voz de Nelson sonó baja, sin espacio para la discusión.

—No importa, sólo agenda la reunión.

—De acuerdo, entendido.

El asistente se retiró, sintiendo un escalofrío recorriéndole la espalda.

...

A las seis de la tarde.

Nelson extendió la mano y saludó al hombre de mediana edad al otro lado de la mesa. Su postura reflejaba seguridad, su voz era relajada.

—Señor Espinoza, cuánto tiempo sin vernos.

El director Espinoza sonrió y le devolvió el apretón.

—Señor Nelson, usted siempre tan ocupado, es un milagro poder verlo. Esta noche hay que platicar con calma.

Los labios de Nelson dibujaron una ligera sonrisa.

—Por supuesto.

Nelson alzó su copa en dirección al director Espinoza.

—Un brindis por usted.

El director Espinoza levantó su copa de inmediato.

—Usted ha visto todo ese escándalo en redes sociales últimamente. Ha sido un desastre, hasta los jefes vinieron a preguntar. Pero mientras Arturo esté ahí, yo no me atrevo a mover nada. Sólo puedo esperar a que pase la tormenta.

Nelson giró la cabeza y miró a su asistente.

El asistente, entendiendo la señal, sacó de su portafolio un fajo de documentos.

Nelson los tomó y el director Espinoza no pudo evitar fijar la mirada en la portada; sus ojos se iluminaron al ver las letras.

Nelson colocó los papeles bajo su brazo.

—Sé que últimamente ha estado metido hasta el cuello con el tema de Barrio Alborada. Qué coincidencia, yo también puedo hacerle un par de presentaciones útiles.

Los ojos del director Espinoza brillaron aún más, y por poco se levanta de la silla.

—¿De verdad?

Nelson lo midió con la mirada y le extendió los documentos.

Los ojos del director Espinoza no se apartaron de los papeles; donde iba el documento, ahí seguía su mirada. Se los arrebató de las manos a Nelson y enseguida empezó a hojearlos, la respiración se le aceleraba con cada página.

—Señor Nelson, esto... esto...

El director Espinoza levantó la vista, fijando la mirada en Nelson.

Nelson entrelazó las manos sobre la mesa.

—Señor Espinoza, si está dispuesto a ayudarme con este pequeño favor, entonces ese archivo será suyo.

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