Entrar Via

Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 85

Solo fue esa mirada, una sola, la que devolvió la calma a Gisela.

En los ojos de Nelson se podía leer desconfianza, una curiosidad hiriente y esa duda que Gisela siempre había detestado.

Gisela desvió la vista, manteniendo el semblante sereno, y comentó con voz apagada:

—Hace rato los estaba felicitando por el futuro bebé, pues aquí está el susodicho.

El ambiente se tensó. El asistente, cuyo rostro casi se iluminaba por la emoción, ardía internamente por el chisme y no podía evitar mirar hacia atrás una y otra vez.

Justo en ese momento, vio a Romina agachando la cabeza, las mejillas encendidas de vergüenza y la mirada perdida.

—Todavía no es seguro —murmuró alguien.

El asistente no se aguantó y soltó:

—Señor Nelson, qué rápido actuó, ¿eh?

Romina apenas había regresado de fuera, y ya estaba embarazada de dos meses.

¿Eso qué quería decir? Que desde que Romina volvió, Nelson y ella no pudieron resistirse y se entregaron al fuego de la pasión, haciendo cosas que nadie se atrevería a describir en voz alta.

El asistente, entre más lo pensaba, más brillaban sus ojos como si hubiera descubierto un secreto.

Pero de pronto recordó que a su lado iba sentada Gisela, la hija adoptiva de la familia Tovar.

Todos sabían que Gisela tenía sentimientos por Nelson.

Ahora que Romina esperaba un hijo de Nelson, entonces Gisela...

El asistente juraría que trató de disimular su mirada, con sumo cuidado.

De nada sirvió.

Nelson lo notó y, con voz severa, espetó:

—Mejor cuida lo que miras y lo que hablas.

El asistente cerró la boca enseguida y apartó la mirada, dedicándose en silencio a conducir el carro hasta la entrada del hospital.

Gisela bajó sin decir palabra, esperando a que Nelson ayudara a Romina a salir.

Entonces dijo:

—Voy a hacerme los exámenes por mi cuenta, señor Nelson. Mejor acompaña a tu novia para el chequeo del embarazo.

Nelson claramente no le dio importancia a esas preocupaciones y respondió:

—Lo de mi abuelo déjamelo a mí, tú solo preocúpate por tu salud.

Romina tenía los ojos vidriosos, abrazó la cintura de Nelson y escondió la cara en su hombro. Su voz apenas se oía, ahogada en el abrazo.

—De acuerdo, te creo.

—Nelson, siempre he confiado en ti.

...

Gisela, sentada en el asiento del copiloto, miraba de reojo a la pareja en el asiento trasero. Una media sonrisa, cargada de ironía, se dibujó en sus labios.

Quizá el embarazo fuera inesperado y los hacía sentir avergonzados.

Cerró los ojos un momento.

En el fondo, Gisela solo podía sentirse aliviada de que en esta vida Fabi nunca hubiera nacido, de que ella no hubiera sido madre de Fabi.

Después de cinco años intentando ser una madre para Fabi, Gisela solo deseaba que, si algún día Fabi llegaba a este mundo, pudiera hacerlo en una familia amorosa y estable, y no condenada a vagar de un lado a otro, sufrir privaciones, y terminar sin ni siquiera dinero para una tumba digna.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza