Entrar Via

Después de que mi Esposo me Lanzó de un Acantilado, Regresé para Destruirlo Todo romance Capítulo 77

El silencio en el coche de Liam de camino a casa fue una tortura.

Él no dijo una palabra, pero la furia que emanaba de él llenaba el pequeño espacio, haciendo que el aire fuera denso e irrespirable.

Thaís mantuvo su papel, encogida en el asiento del copiloto, fingiendo llorar en silencio.

Cuando llegaron a la mansión, él la dejó en la entrada con una sola orden:

—No te muevas de tu habitación.

Ella obedeció. Subió las escaleras, sus piernas todavía temblando por la adrenalina.

Sabía que no tenía mucho tiempo. Sabía que Roberto encontraría la forma de contactarla.

Una hora después, su teléfono secreto, el que guardaba escondido en el forro de un viejo bolso, vibró.

Era un mensaje de un número desconocido.

“Callejón trasero en diez minutos. Coche negro. Sola”.

Era él.

Usando la ausencia de Camelia y la distracción de un Liam furioso, Thaís se deslizó fuera de la casa.

El coche negro estaba allí, con los motores en marcha.

La puerta trasera se abrió. Entró y la puerta se cerró tras ella, sumergiéndola en la oscuridad y el silencio.

Roberto estaba en el asiento del conductor. No dijo nada, simplemente se puso en marcha, alejándose de la mansión.

—Eso ha estado demasiado cerca —dijo Thaís finalmente, su voz apenas un susurro.

—Ha sido una imprudencia —respondió él, su mirada fija en la carretera—. Mi culpa. No volverá a pasar.

—No podemos volver a vernos. Nunca.

—Estoy de acuerdo —dijo él—. Por eso estamos aquí. Necesitamos un nuevo sistema.

Se detuvo en una calle oscura y residencial. Apagó el motor.

—La comunicación por correo es segura, pero es lenta. Y a veces, como hoy, necesitamos actuar en tiempo real.

Se giró hacia ella. En la intimidad del coche, la tensión entre ellos era aún más palpable que en el restaurante.

—Es un comunicador —explicó—. Parece una joya, pero si lo presionas dos veces, abre una línea de audio encriptada y unidireccional. Solo yo puedo hablar. Tú solo puedes escuchar. Para emergencias.

Thaís cogió el pendiente. Estaba frío al tacto.

Era un objeto increíblemente íntimo. Un dispositivo que la conectaría a él de una forma que iba más allá de su alianza.

—Gracias —dijo ella, su voz suave.

Se puso el pendiente. El pequeño diamante brilló en su lóbulo, discreto y letal.

—Ahora sí estamos listos —dijo Roberto.

Arrancó el coche y la llevó de vuelta a las inmediaciones de la mansión.

Cuando Thaís se bajó del coche y caminó de vuelta hacia su prisión dorada, se tocó el pendiente.

Ya no se sentía sola.

Tenía un aliado al otro lado de la línea. Un aliado que conocía su secreto y que, a pesar del riesgo, había decidido quedarse.

Y esa certeza le dio más fuerza que nunca.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Después de que mi Esposo me Lanzó de un Acantilado, Regresé para Destruirlo Todo