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Destruí al hombre que salvé romance Capítulo 12

Él había disfrutado de sus cuidados y de su sustento, pero llevaba a otra mujer en el corazón. Incluso cuando la verdad salió a la luz, no dudó en ponerse del lado de la otra persona para juzgarla.

Esto ya no era una pelea que se pudiera arreglar cocinando una cena o pidiendo perdón.

Era una farsa que había durado cinco años.

Al otro lado del teléfono, Noelia seguía insultando a Joel sin parar.

—¡Y yo que antes pensaba que era un tipo decente! ¡Resultó ser un malagradecido disfrazado de oveja!

—¡Comía de tu dinero, vivía en tu casa, y al final se da la media vuelta para ir detrás de una mosquita muerta! ¡Qué porquería!

Leire sostenía el celular, escuchando en silencio.

No interrumpió, solo sintió que la enorme piedra que oprimía su pecho parecía agrietarse con los insultos de su amiga.

Hablaron durante más de una hora, y cuando colgaron, ya era casi la medianoche.

Leire sintió una opresión en el pecho, así que decidió salir al balcón a tomar aire.

Se quedó de pie un rato y, de repente, se dio cuenta de que la luz del estudio de al lado seguía encendida.

El halo de luz amarilla cálida parecía algo solitario en medio de la noche.

*Son las doce. ¿Todavía no se ha dormido?*

Leire no pudo evitar sentir curiosidad.

Cuando el asistente Felipe le explicó el trabajo durante el día, solo le dijo que el señor Quiroga tenía una dolencia oculta y necesitaba un cuidado muy minucioso.

Pero nunca le reveló ni una sola palabra sobre de qué trataba esa dolencia.

Leire se mordió el labio y, de repente, una idea un tanto absurda cruzó por su mente.

El hombre era alto, con una presencia imponente; no parecía tener ningún problema cardiovascular.

Además, si fuera una enfermedad grave normal, el asistente Felipe no habría tenido tantas reservas para contárselo.

*No me digas que... ¿tiene problemas en esa área?*

Después de todo, para un hombre maduro de treinta años en la flor de la vida, un problema de ese tipo era, sin duda, algo sumamente vergonzoso, algo que nadie debía saber.

Mientras más lo pensaba, más sentido tenía.

—Bueno, ya que me están pagando tan bien, me toca resolverle sus males —murmuró para sí misma.

Decidió que al día siguiente agregaría en el almuerzo algunas hierbas naturales y raíces que servían para dar vigor, mejorar la energía y equilibrar el cuerpo.

Si realmente lograba curarle su dolencia, tendría su empleo asegurado para siempre.

Con esa idea en mente, Leire regresó a su habitación, programó la alarma para las cinco de la mañana y cayó en un sueño profundo.

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