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Divorciada del CEO, Heredera del Mundo romance Capítulo 182

—¡¡¡Lucía!!!

Sofía creyó ver a alguien caer al agua. Sin dudarlo un solo segundo, corrió hacia esa dirección y se lanzó al lago.

El agua era profunda y helada. Al sumergirse, tragó una gran cantidad de agua que le cortó la respiración.

Sofía sabía nadar, pero no era una experta. Nadó con todas sus fuerzas hacia el centro del lago, donde el agua se agitaba, y vio el cuerpo de Lucía hundiéndose.

Lucía no se movía, como si ya se hubiera ahogado…

La desesperación se apoderó de Sofía. Con la vista borrosa, luchó por agarrar el brazo de la niña.

Pero se había lanzado al agua de forma tan abrupta, sin preparación alguna, que justo en el momento en que logró sujetar a Lucía, un calambre paralizante le recorrió la pierna.

—¡Ugh… Ayuda…!

Sofía intentó emerger, pero arrastrando a Lucía, sus fuerzas no eran suficientes.

El lago parecía no tener fondo y, con la poca luz, se sintió desorientada.

En medio del pánico, volvió a tragar agua varias veces hasta que, poco a poco, sus fuerzas la abandonaron y su cuerpo también comenzó a hundirse.

Justo entonces, sintió una fuerza poderosa rodeándole la cintura, arrastrándola rápidamente hacia la superficie.

Sofía no pudo mantener su agarre en el brazo de Lucía y salió a flote.

Sin importarle el dolor punzante en sus pulmones, gritó con desesperación:

—¡Lucía…!

Quien la había rescatado era Alejandro. Estaba completamente empapado y, aunque en la oscuridad no podía verle el rostro, la ropa mojada se ceñía a su cuerpo musculoso y atlético.

Se notaba que era un hombre que se cuidaba. En ese momento, la fuerza de Alejandro le transmitió una increíble sensación de seguridad.

Una vez en la orilla, Sofía se arrastró fuera del agua mientras Alejandro se sumergía de nuevo para buscar a Lucía.

—¡¡¡Auxilio!!!

Sofía gritó, pero el lugar estaba demasiado aislado. Además, después de haber tragado agua, cada bocanada de aire le dolía como si mil cuchillos le atravesaran los pulmones.

Temblorosa, buscó su celular. A la débil luz de la pantalla, intentó marcar un número de emergencias, pero justo cuando lo encontró, una llamada de Adrián Montoya entró.

Sofía intentó colgar, pero con las manos mojadas, accidentalmente contestó.

En ese instante, el teléfono emitió una alerta de batería baja antes de apagarse.

—Sofía, ¿qué demonios estás haciendo? Llevas apenas dos días en casa y ya dejas a Valen sola para pasar la noche fuera.

—Adrián, no tengo tiempo para tus tonterías… Cof, cof, cof…

Sofía temblaba tanto que apenas podía hablar. El aire frío le irritó la garganta y la hizo toser violentamente.

—¿Qué te pasa? ¿Ocurrió algo?

Al oír el estado de su voz, el tono de Adrián se volvió grave y su corazón se encogió de repente.

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