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Divorciada del CEO, Heredera del Mundo romance Capítulo 183

Alejandro se había puesto el saco de uno de sus hombres en el coche. La amplia chaqueta negra dejaba al descubierto parte de su pecho, y su cabello mojado caía sobre un rostro ligeramente pálido. Bajo las luces del pasillo del hospital, se veía increíblemente atractivo y sensual.

Parecía un modelo sacado de una película de autor.

Solo que su aura era mucho más profunda y enigmática.

Elena se consideraba una mujer con autocontrol, inmune a la belleza masculina, pero al ver a Alejandro, no pudo evitar mirarlo fijamente durante un buen rato. Cuando sus miradas se cruzaron, se sonrojó y desvió la vista, avergonzada.

—El hombre que está afuera, ¿es amigo tuyo?

Elena regresó a la sala de urgencias. Sofía ya se había cambiado y se estaba secando el pelo con una toalla.

Sofía y Elena tenían una complexión similar, aunque Sofía era un poco más delgada, por lo que la ropa casual de Elena le quedaba perfecta.

Normalmente, Sofía vestía de manera más elegante, mientras que el estilo de Elena era más dulce y cálido.

Con una sudadera rosa de hombros descubiertos y unos pantalones deportivos de color gris claro, Sofía parecía una adorable y delicada estudiante de preparatoria.

Sofía se quedó un momento pensando, sin saber muy bien qué responder. Al final, asintió.

—Sí.

—Tu amigo es muy guapo, y parece muy confiable.

Elena lo dijo sin pensar, pero Sofía, como si se le hubiera ocurrido algo, sonrió levemente.

—Así es, y está soltero. ¿Te interesa conocerlo, doctora Morales?

—No, no quise decir eso. Solo admiro… que la salvara a tiempo.

Elena agitó las manos rápidamente y cambió de tema, entregándole a Sofía los medicamentos que le había recetado.

—Tienes la garganta un poco inflamada. Tómate esto en cuanto llegues a casa. Si te sientes mal, ven de inmediato. Haber tragado agua también puede ser peligroso.

Sofía aceptó todas las recomendaciones.

En ese momento, vio que la pantalla de su celular, que se estaba cargando sobre la mesa, se iluminaba de nuevo. Era Adrián, llamando otra vez.

Elena también lo vio.

—Vaya, el señor Montoya llamando a estas horas. ¿No le has explicado la situación?

—No tenemos nada que ver el uno con el otro. No tiene por qué meterse en mis asuntos.

Sofía lo dijo con desdén y colgó la llamada directamente.

Aunque se había tomado un analgésico, sentía un frío que le calaba los huesos, como si estuviera a punto de enfermar. Después de una noche tan agotadora, estaba exhausta y no tenía energías para discutir con Adrián.

Además, sabía que en el fondo no estaba tan preocupado por ella, solo buscaba problemas.

Pero Adrián era insistente. Después de que le colgara, volvió a llamar de inmediato.

Esta vez, Sofía puso el celular en modo avión.

—Por cierto, ¿le avisaste a la madre de Lucía?

Sofía recordó a la señora Campos. Que una niña tan pequeña tuviera pensamientos tan oscuros seguramente estaba relacionado con su familia.

La última vez, por consideración a Lucía, lo había dejado pasar. Pero ahora, pensándolo bien, era muy probable que la niña sufriera maltrato.

Debió haber insistido en llamar a la policía para que investigaran a fondo.

—Todavía no —la opinión de Elena parecía coincidir con la de Sofía—. Quería esperar a que la policía interviniera y que ellos notificaran a la familia.

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