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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1136

Por el lado de Ángel, el desarrollo del fármaco había concluido con éxito, así que era de esperarse que Gaspar tomara cartas en el asunto.

Gaspar le había tendido una trampa a Samanta, una puesta en escena bien montada. Ella, por pura avaricia, había aceptado de sus manos el trece por ciento de las acciones del Grupo Báez como recompensa por su colaboración en el experimento.

La ambición de Samanta era enorme, y una participación en el Grupo Báez valorada en tres mil millones de pesos era justo lo que necesitaba para saciarla. Gaspar había impulsado la salida a bolsa del grupo precisamente con este día en mente.

Ahora, con el experimento terminado, el resultado de diez años bajo el yugo de Samanta era la bancarrota del Grupo Báez. Y con ello, el trece por ciento de las acciones a nombre de ella se convertía en humo.

La crisis interna del Grupo Báez había comenzado mucho antes, pero para mantener la calma entre los accionistas, Néstor se había esforzado por ocultarla. Sin embargo, las consecuencias de una bomba de tiempo así eran imposibles de esconder para siempre.

En la mansión de Samanta, el sonido de un vaso de cristal estrellándose contra el suelo rompió el silencio.

El vino tinto salpicó por todas partes. Temblando, abrió la aplicación de la bolsa en su celular. Cuando vio la noticia de que las acciones del Grupo Báez se habían desplomado hasta su límite, sintió que las piernas no la sostenían. Se apoyó en una mesa, jadeando con incredulidad.

—No puede ser, ¿cómo es posible?

Si esto era cierto, ¿significaba que su trece por ciento de las acciones ya no valía nada?

No, esta era la mayor fortuna que había logrado arrancarle a Gaspar a lo largo de los años, la base sobre la que pensaba construir su futuro.

Aunque la gestión de su padre no fuera la mejor, era imposible que las acciones de la empresa cayeran hasta ese punto. La única explicación era que una mano invisible estaba aplastando al Grupo Báez desde las sombras.

Un odio demencial brilló en los ojos de Samanta y, finalmente, maldijo entre dientes:

—Gaspar… eres un desgraciado.

La voz de Néstor al otro lado de la línea estalló en furia.

—Samanta, ¿qué puede ser más importante que la supervivencia de la empresa ahora mismo? ¡Ven de inmediato! Tienes que convencer al señor Gaspar de que nos dé otra oportunidad. Samanta, por favor, ¡solo tú puedes salvar a la familia Báez!

Samanta se mordió el labio con fuerza. Recordó cómo, dos años atrás, para ayudar a su padre, le había suplicado a Gaspar que interviniera por la familia Báez. En aquel momento, la actitud de Gaspar había sido de rechazo. Involucrarse con el infame Grupo Báez sería como mancharse las manos. Pero en ese entonces, Lionel la estaba presionando mucho. Sacó un anillo de compromiso y se lo puso frente a Gaspar, amenazando con aceptar la propuesta de Lionel si no la ayudaba.

Dado lo que Lionel sentía por ella en ese momento, habría roto su amistad con Gaspar de inmediato e incluso habría pagado la penalización de diez mil millones de pesos de su contrato.

Samanta todavía recordaba la mirada de Gaspar ese día: una frialdad que escondía un profundo desprecio, pero aun así, cedió.

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