Micaela se rio con molestia y lo empujó.
—Ya, deja de jugar.
Mientras ella bajaba del carro, Gaspar colocó naturalmente su mano sobre el marco de la puerta para protegerle la cabeza y evitar que se golpeara.
Micaela se dirigió al vestíbulo del laboratorio. Originalmente llevaba el cabello recogido en un chongo bajo, pero ahora tuvo que soltarse su densa cabellera negra para intentar ocultar las huellas de las travesuras de cierto hombre.
Se abrieron las puertas del elevador y presionó el botón del quinto piso.
El muro de espejos reflejaba su imagen: cabello sobre los hombros, una expresión relajada en los ojos y las cejas, y un rostro radiante, con un brillo que solo el amor y la felicidad pueden dar.
Micaela apartó la mirada. Llegó al quinto piso.
Las puertas del elevador se abrieron. Apenas entró en la oficina, vio una figura familiar de pie frente al ventanal.
Jacobo.
Estaba un poco más delgado que la última vez que se vieron. Llevaba una gabardina gris oscuro que lo hacía lucir esbelto y caballeroso, con un aire de gentileza.
—Micaela —saludó él con calidez.
—Jacobo, disculpa la espera. —Micaela caminó hacia él. En ese momento, Verónica entró con dos bebidas.
—¿Interrumpo tu trabajo viniendo así de repente?
—No, sentémonos a platicar. —Le acercó una bebida—. ¿Cómo está tu madre?
Jacobo sostuvo la taza y guardó silencio unos segundos.
—No muy bien. El tratamiento actual no está dando los resultados esperados.
El corazón de Micaela se encogió. Jacobo levantó la vista y dijo:
—Si logran llegar a la etapa clínica, me gustaría que mi madre entrara en el grupo de prueba.
Micaela asintió y le comentó sobre los recientes avances. Ella contaba con la base del proyecto de Interfaz Cerebro-Máquina más avanzado, lo que le daba una ventaja en esa área de investigación.
Tras escuchar el plan de Micaela, los ojos de Jacobo mostraron emoción.
—Micaela, si necesitas ayuda en algo, solo dilo. Haré todo lo que esté en mis manos.
—Por ahora todo marcha bien, no es necesario —dijo Micaela, y añadió—: Haré todo lo posible.
Jacobo asintió con gratitud en la mirada.
Platicaron a profundidad un rato más y Jacobo se puso de pie.

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