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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1226

Se omitió el brindis de mesa en mesa, pero más tarde, Lionel, acompañado de Paula, pasó a agradecer a los invitados.

Poco después, la señora Cáceres se acercó con su nuera Paula a saludar al grupo de señoras.

Varias de ellas se arremolinaron de inmediato, ansiosas por colmar de elogios a Paula.

—La novia está guapísima hoy.

—Sí, ese vestido de novia es de Montaña Dorada, ¿verdad? Te queda perfecto.

—Señora Cáceres, ¡qué afortunada es usted! Se ha llevado a una nuera tan guapa como la señorita Paula.

La señora Cáceres, con un elegante vestido rojo festivo y un rostro bien conservado, estaba especialmente contenta ese día.

—En el futuro, les pido que cuiden mucho de nuestra Paula.

—¡Por supuesto que sí!

Paula aceptaba los cumplidos con naturalidad, su rostro radiante con la dulzura de recién casada.

—Gracias a todas, señoras, por sus halagos.

Una de las señoras le ofreció inmediatamente una copa de vino tinto.

—Paula, no te vimos brindar antes. ¡Tómate una copa con nosotras ahora!

Paula, con un toque de timidez pero sin poder ocultar su alegría, respondió:

—Lo siento, pero ahora no puedo beber alcohol.

A su lado, la señora Cáceres también intervino de forma protectora:

—La situación de Paula es especial, les pido su comprensión.

Al oír esto, el entorno estalló en una ronda de felicitaciones aún más entusiastas.

—¡Vaya! ¡Esto es una doble felicidad! ¡Felicidades, felicidades!

—Felicidades —dijo Samanta con voz tensa, levantando su copa.

Paula asintió con la cabeza y se dio la vuelta para dirigirse a otro grupo de señoras en otra mesa, parientes de la familia Orozco.

Samanta apretó la copa de vino. Se había preparado mentalmente para recibir las indirectas y el sarcasmo de Paula, pero no esperaba que esta no tuviera intención de seguir atacándola.

«¿Me habré equivocado?», pensó.

Pero, fuera como fuese, Samanta sabía que el hecho de que Paula se hubiera acercado a saludarla era una declaración de su triunfo.

Miró hacia Leandro, que ya tenía la cara roja por el alcohol, lo que lo hacía parecer aún más viejo y desagradable. Apartó la vista discretamente y entonces vio a los tres hombres en la mesa principal, riendo y conversando: Gaspar, Jacobo y Lionel. Parecían haber consolidado de nuevo su «triángulo de hierro», lo que significaba que un simple carraspeo de cualquiera de los tres podría desatar una tormenta en el mundo de los negocios.

Bajo las luces, los tres hombres se veían relajados, con sonrisas distendidas en sus rostros, fruto de la complicidad y la confianza entre verdaderos amigos.

Parecían formar un mundo aparte; no solo eran tres empresarios de primer nivel, sino también una estrecha comunidad de intereses y una alianza en el mundo de los negocios.

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