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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1331

Justo cuando entraba al vestíbulo del edificio, se topó de frente, inesperadamente, con el hombre que salía del elevador.

Gaspar vestía una camisa oscura, llevaba el saco en el brazo y el pelo perfectamente peinado. Claramente, iba de salida.

Los pasos de Gaspar se detuvieron en seco.

Desde el divorcio, la imagen más frecuente que tenía de Micaela era con la bata blanca en el laboratorio, o la de una mujer segura de sí misma en un podio, o elegante en una cena de gala. Pero rara vez la había visto así: llena de la vitalidad y la frescura de la vida cotidiana.

La luz del sol entraba por detrás de ella. Su figura de un metro sesenta y ocho, delineada por la ropa deportiva ajustada, revelaba una silueta esbelta pero con curvas fluidas. Unos mechones de pelo húmedo por el sudor se le pegaban a las mejillas, dándole un aire indescriptiblemente… sensual.

Gaspar sintió que se le secaba la garganta y, por un momento, fue incapaz de apartar la mirada.

A pesar de haber tenido un hijo, él sabía perfectamente lo bien que se conservaba Micaela.

Al sentirse observada de esa manera, Micaela se secó el sudor de la frente con el dorso de la mano e intentó pasar a su lado, pero entonces escuchó la voz grave del hombre saludándola.

—Buenos días.

Micaela se detuvo y respondió: —Buenos días.

—¿Saliste a correr? —preguntó él.

—Sí —asintió Micaela.

—Tengo una videoconferencia internacional, voy a la oficina —le informó Gaspar, como si necesitara justificar su salida.

Micaela levantó la vista, lo miró y respondió con naturalidad: —Ah.

—¿Recogemos a Pilar al mediodía para ir a comer? —preguntó de nuevo.

Respiró hondo, obligándose a salir de esos recuerdos tan hermosos.

Sabía que aún no era el momento.

—¿Señor Gaspar? —lo llamó Enzo, tentativamente.

Gaspar volvió en sí, ocultando la tormenta de emociones en sus ojos y recuperando su calma habitual. —Sí, ¿en qué nos quedamos? Continúa.

En ese momento, sonó una notificación en el celular de Enzo. Se detuvo en un semáforo en rojo, echó un vistazo y luego se giró para decirle a Gaspar: —Señor Gaspar, el hijo de Leandro acaba de fallecer en Isla Serena.

Los fríos ojos de Gaspar permanecieron impasibles. —Entendido.

Enzo reflexionó. Ahora que Leandro había perdido a su heredero, era posible que realmente se casara con Samanta para darle un hijo a la familia Serrano. En ese caso, con el respaldo de Leandro, ¿seguiría Samanta dispuesta a cumplir con el contrato?

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