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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1454

Adriana llevó a Pilar a un puesto de flores. Los ramos de rosas envueltos en papel de colores se veían muy vivos en la noche. Compró un ramo y jaló a Pilar para susurrarle:

—Pilar, dale estas flores a papá y dile que se las regale a mamá.

La niña asintió con la cabecita de inmediato. Abrazando las flores, corrió como un pajarito feliz hasta donde estaba Gaspar y levantó la carita.

—Papá, son para ti.

Gaspar miró sorprendido el ramo en las manos de su hija y luego vio a lo lejos la sonrisa traviesa de Adriana, quien le decía con los labios: «Dáselas a Micaela».

—Gracias, mi amor. —Gaspar tomó las flores con una mirada risueña, mezclada con un poco de resignación y cariño.

Entendía perfectamente las intenciones de su hermana.

Bajó la vista al ramo en sus brazos y luego miró a Micaela, que estaba de espaldas viendo el espectáculo en el escenario.

Ella sostenía su botella de jugo mientras el DJ en la tarima animaba al público a seguir el ritmo.

La música, los gritos de alegría y el sonido de las olas se mezclaban. El ambiente era un escándalo, pero alegre. Hacía mucho que Micaela no se relajaba así.

El viento nocturno le movía el cabello y el vestido. La luz del fuego parpadeaba en su rostro, haciendo que su expresión no fuera del todo clara, pero se notaba que estaba a gusto.

Gaspar, sin dudarlo, caminó hacia ella con las piernas largas.

Micaela sintió que alguien se acercaba y volteó por instinto. Una figura alta se paró a su lado. Los ojos de Gaspar brillaban especialmente en la oscuridad, fijos en ella.

Micaela estaba a punto de voltearse otra vez cuando, de repente, un ramo de flores apareció frente a ella. Se quedó pasmada unos segundos.

—Para ti. —La voz grave de Gaspar llegó con la brisa del mar.

Micaela miró las flores brillantes y luego levantó la vista hacia Gaspar. El viento le había desordenado un poco el fleco, pero su mirada era increíblemente seria y atenta.

Las palabras de rechazo le dieron vueltas en la boca, pero al final pensó que, en ese ambiente, rechazarlo se vería demasiado forzado y grosero.

Extendió la mano y tomó las flores.

—Gracias —dijo simplemente.

Micaela estaba metidísima en el show cuando de repente sintió que le tapaban la vista. La figura alta de Gaspar se puso enfrente.

Micaela inclinó un poco la cabeza para ver por un lado, intentando no perderse la canción.

Pero el susodicho parecía hacerlo a propósito y se volvió a mover para taparla. Micaela por fin entendió. Levantó la vista y se topó con unos ojos oscuros y profundos donde se leía claramente: celos.

—Me estás tapando —dijo Micaela un poco molesta, empujándolo con la mano.

—¿A poco está tan guapo? —preguntó Gaspar con voz grave.

Micaela lo miró sin palabras.

—¿No puedo admirarlo o qué?

Dicho esto, se cambió de lugar para seguir viendo el concierto.

Gaspar no dijo nada, solo se movió en silencio para ponerse a su lado otra vez. La luz de la fogata a lo lejos hacía que su mirada se viera más profunda, pero ya no le tapó la vista a Micaela.

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