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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1651

Gaspar se le quedó mirando con los ojos llenos de lágrimas contenidas.

—¿De verdad... estás segura de que te quieres casar conmigo otra vez? —le preguntó, con la voz quebrándosele en la garganta.

Micaela dejó escapar una pequeña carcajada.

—Bueno, si no te parece la idea, entonces yo...

—¡Claro que quiero! —la interrumpió de tajo, abrazándola contra sí y enterrando el rostro en ella—. Sí quiero. Claro que quiero.

Micaela se dejó rodear por sus brazos y asintió contra su hombro.

—¿De verdad lo pensaste bien? —insistió Gaspar de nuevo, completamente aterrado de que ella pudiera arrepentirse un segundo después.

—Claro que lo pensé bien. Eres guapo, te sobra dinero, eres el verdadero padre de mi hija y, además, eres muy bueno en la cama. ¡Sería un desperdicio estúpido dejarte libre para otra mujer! —argumentó Micaela, adoptando un tono de suma seriedad.

A Gaspar le dio tanta risa escucharla, que no pudo evitar soltar una buena carcajada, a pesar de lo emotivo del momento.

—Oye, ¿pero me estás hablando en serio?

Micaela esbozó una sonrisa pícara.

—Más en serio, imposible. Más claro ni el agua.

Gaspar le tomó la mano para llevársela a la boca y darle un largo beso.

—Bueno... entonces empezaré a llamarte mi esposa.

El corazón de Micaela dio un tremendo brinco, sintiendo el peso emocional de esas palabras.

La luz radiante de la mañana se abría paso por la ventana y caía directamente sobre los dos.

—Regresando a nuestro país, nos casamos. Ya dijiste, y no se vale rajarse —confirmó Gaspar una vez más.

—No me voy a rajar —sentenció ella.

Gaspar sonrió y bajó el rostro para devorarla en un beso.

Un beso interminable. Plagado de ternura. Un beso de quien sobrevive de puro milagro, del que recupera su tesoro robado y se niega a que se lo quiten una vez más.

—¡Mica, te amo con toda mi alma! —susurró el hombre a escasos centímetros de ella.

Si bien, arrastrado por la calentura y la intensidad de cada una de las noches anteriores en las que le hacía el amor, él se lo repetía una y otra vez... la pobre Micaela siempre estaba demasiado distraída entre gemidos como para prestarle verdadera atención.

Pero hoy, finalmente, sus palabras le retumbaron en lo más profundo del pecho.

***

Dos días más tarde. Aeropuerto.

Gaspar y Micaela descendieron por las escalinatas de su avión aferrados de la mano.

Enzo los estaba esperando en la pista.

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